sábado, 7 de abril de 2007

Escuadrones de la muerte en Iraq made in USA

En Iraq hay unos 100 000 mercenarios, contratados por el gobierno estadounidense o por empresas transnacionales
Escuadrones de la muerte en Iraq made in USA

Hedelberto López Blanch


¿Souvenir para un amigo? ¿Para la amada? En todo caso, un recuerdo en la peor pesadilla que cualquier iraquí haya conocido.

A diario, desde hace varios meses, por cualquier parte de Iraq aparecen cadáveres con los ojos vendados, maniatados, con muestras de torturas y hasta cercenados. Muchas veces la prensa destacada en el país árabe ocupado, controlada por el ejército y los censores estadounidenses, culpan de esos hechos a la resistencia iraquí.

Pero la verdad, aunque se trate de ocultar, fluye por encima de esas mentiras. En Iraq se encuentran unos 100 000 mercenarios, contratados por el gobierno estadounidense o por empresas transnacionales, que son utilizados para custodiar sus intereses o... para crear el caos y disminuir los embates de la resistencia.


Una muestra de los miles de mercenarios que hay en Iraq... ¿No resulta curioso que posen precisamente con esa bandera?

Recientemente se han publicado fotos donde se muestran grupos de escuadrones de la muerte, integrados por militares estadounidenses y mercenarios extranjeros, muchos de ellos vestidos con atuendos árabes. En las instantáneas aparecen cerca de cien miembros posando delante de una bandera estadounidense y otros en reuniones donde se planifican atentados y plagios, según informa el sitio Albasrah.net.

Durante muchos años las operaciones encubiertas para desestabilizar a países o gobiernos indeseables, mediante cualquier método, han sido una de las principales especialidades de los servicios secretos y de inteligencia de Estados Unidos y algunos de sus aliados.

El estancamiento y los reveses sufridos por las tropas norteamericanas e inglesas en Iraq desde que iniciaron la invasión en marzo de 2003 han motivado que Washington y Londres pongan en práctica nuevos métodos para intentar cambiar la situación.


Atuendo árabes para actuar encubiertamente y provocar una lucha entre chiitas y sunnitas.

Hasta ahora, los centros de tortura como el instalado en la ilegal base naval de Guantánamo o el de Abu Ghraib, el traslado de detenidos para ser torturados en vuelos secretos de la CIA donde no existe ninguna ley jurídica, la creación de una fuerza militar gendarme, o las represiones masivas contra poblados o barrios de ciudades que no aceptan a los ocupantes, han fracasado en sus objetivos.

La ineptitud de las tropas invasoras para enfrentar las acciones de la resistencia es cada vez más evidente, y el pueblo de Estados Unidos, a la par que recibe a sus miles de muertos y heridos, reclama la salida de las tropas de Iraq.

Por eso resultó sumamente sospechosa la voladura del domo dorado de la mezquita chiita de Samarra, centro sagrado de la religión musulmana. También llamó la atención que, según las investigaciones, el atentado fue perpetrado por expertos en explosivos con alto nivel de preparación.

Tras la explosión, se desató una ola de violencia entre los feligreses sunitas y chiitas que ha dejado centenares de muertos civiles, aunque a la par continuaron los ataques contra las fuerzas ocupantes.

Los grandes medios de comunicación que reciben instrucciones desde Langley (sede de la CIA), el Pentágono y Londres para informar sobre la situación en ese país, han omitido relacionar ese atentado con otras fracasadas acciones llevadas a cabo por comandos terroristas de la coalición.

Se han olvidado ex profeso que el martes 11 de octubre de 2005, dos soldados estadounidenses, vestidos con atuendos árabes, fueron sorprendidos por la policía colaboracionista cuando intentaban hacer estallar un coche con explosivos en el distrito de Al-Ghazaliyah, un área residencial al oeste de Bagdad.

Cuando los gendarmes los conducían hacia un centro de detención para interrogarlos, apareció una fuerza militar norteamericana, rescató a los prisioneros y huyó rápidamente de la zona.


¿Dónde golpearán esta vez? ¿En otra mezquita? ¿En un área residencial?

Una página árabe en Internet denunció que tras una pequeña pesquisa realizada por la administración iraquí impuesta por Estados Unidos se conoció que el objetivo final era matar indiscriminadamente a personas civiles para incrementar las tensiones entre las tendencias musulmanas y tratar de disminuir los atentados contra los ocupantes.

Un mes antes, el 19 de septiembre, dos soldados ingleses camuflados con vestuario árabe y portando explosivos en un vehículo civil, fueron apresados por la policía iraquí en Basora, a 450 kilómetros al sur de Bagdad.

Inmediatamente, los jefes de las fuerzas inglesas destacadas en la nación árabe presionaron a los iraquíes para que soltaran a los terroristas, y ante la demora decidieron actuar con rapidez. Un comando británico con tanques y helicópteros atacó y destruyó la cárcel, mató a varios iraquíes y liberó a los prisioneros. La violenta acción, como era de esperar, quedó impune.

Al paso de los días se supo que los dos militares con vestimenta árabe pertenecían al Special Air Service (SAS), fuerza británica entrenada «para atravesar las líneas enemigas por tierra, agua y aire en ambientes hostiles».

Numerosas publicaciones alternativas, o mejor dicho, progresistas y democráticas, han revelado que esas operaciones no son casuales ni esporádicas y que están plenamente concebidas por los servicios de inteligencia de los ocupantes para tratar de desviar el accionar de la resistencia hacia una guerra de desgaste entre las distintas confesiones musulmanas.


¿Quiénes los mataron realmente? ¿Se enjuiciará a los responsables de su muerte?

Los esfuerzos de los agentes ingleses y estadounidenses por provocar una lucha fratricida entre chiitas y sunnitas fueron infructuosos hasta la voladura del Domo de la mezquita de Samarra, pese a que tras cualquier indiscriminado ataque, las fuerzas ocupantes y el gobierno iraquí impuesto habían acusado a la resistencia de realizarlo.

Varios líderes religiosos como el clérigo chiita Moqtada al-Sadr o el líder sunnita Ahmed Hsssan al Taba, han insistido en que «todo el que ataca a un musulmán no es un musulmán» y han denunciado que los ataques a mezquitas y lugares sagrados no son más que una conspiración para arrastrar a los iraquíes a un conflicto sectario.

Las fotos tomadas a los escuadrones de la muerte creados por los ocupantes resultan reveladoras, al igual que fueron en su momento las imágenes sobre las torturas realizadas a prisioneros detenidos en las cárceles de Abu Ghraib y la ilegal base de Guantánamo.

Cinco soldados de EE UU y cuatro de Reino Unido mueren en Irak en distintos ataques

Cinco soldados de EE UU y cuatro de Reino Unido mueren en Irak en distintos ataques
Agencias

Los ataques de la insurgencia iraquí asestaron el jueves un duro golpe a las tropas ocupantes. El Ejército norteamericano reconoció la muerte de cinco soldados y que otros cuatro resultaron heridos cuando el helicóptero en el que se desplazaban fue tiroteado por los rebeldes y cayó al suelo, cerca de Latifiya, a unos 40 kilómetros de Bagdad. El helicóptero no explotó.

En el sur de Irak, las tropas británicas también perdieron a cuatro militares y a su intérprete kuwaití en una explosión al paso de su blindado. Otros ataques dejaron al menos 17 soldados iraquíes muertos.

Tañer la lira en Washington

Tañer la lira en Washington
Ángel Guerra

Estados Unidos ya no es la avasalladora superpotencia unipolar que aparentaba al derrumbarse la Unión Soviética. No lo es en lo económico pues su otrora incomparable máquina productiva ha sido muy mermada y sus finanzas quebradas. Con una deuda externa estratosférica, un consumo muy por encima de sus posibilidades, un desbalance comercial creciente y un dólar ficticio sostenidos por el mundo entero, su economía no puede mantenerse a flote por mucho tiempo. En lo político, su influencia internacional, no digamos su credibilidad, ha disminuido sensiblemente y la opinión pública doméstica e internacional rechaza cada vez más la ejecutoria de la Casa Blanca en casa y en el mundo.

Esto no es sólo debido a su prepotente y genocida conducta mediante las guerras de agresión, la práctica del saqueo a costa del hambre de las naciones del sur y el desprecio por el medioambiente. También el abandono a su suerte de los pobres y los negros durante el paso de Katrina, la vergonzosa desatención a los veteranos de Irak, la cascada de escándalos de corrupción entre el gobierno y las corporaciones, la legalización y práctica indiscriminada de la tortura, la abolición del derecho de habeas corpus, hechos que no son más que la punta del témpano en un paisaje social profundamente desigual, discriminatorio y antidemocrático, prueba de una grave crisis moral del sistema.

Hasta en el terreno militar su hegemonía está en cuestión. Sin duda ostenta un poder destructivo sin precedentes, capaz de borrar varias veces a la humanidad de la faz de la Tierra y es indiscutible su amplia superioridad en sofisticados sistemas de armas y por la cantidad de fuerzas y medios de guerra terrestres, navales y aéreos desplegados en el planeta entero. Sin embargo, su impotencia y la de sus aliados ante la resistencia armada en Irak, Afganistán y Líbano ha venido a recordarnos lo históricamente comprobado muchas veces y ocultado por la cultura dominante: no existe poderío bélico capaz de aplastar la lucha popular. Es incalculable el aporte realizado por los pueblos árabes e islámicos, incluido el de Palestina, al desenmascaramiento de la naturaleza agresiva, colonial y expansionista del imperialismo estadunidense y de su imagen estereotipada de gran democracia bonachona y respetuosa de los derechos humanos.

Aunque no exista todavía una acción concertada de esas resistencias con las de los pueblos y los Estados progresistas de América Latina, las del movimiento internacional contra la globalización neoliberal y contra la guerra y las de gobiernos que, como los de Rusia, China e Irán, buscan un mayor margen de independencia, a todos ellos los une la oposición a las pretensiones de Washington de esclavizar al género humano, incluyendo a los propios estadunidenses.

Sólo en este contexto de degradación generalizada del imperio cabe explicarse un imbécil como Bush II a la cabeza del Estado; pero mucho más grave, la descomunal influencia en la Casa Blanca de la camarilla de los neocon(nc), el verdadero poder tras el trono a través de Richard Cheney. Este peligrosísimo grupo es el autor del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, una suerte de Mein Kampf actualizado, sustento filosófico de la actual Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Los nc, que sí no son imbéciles aunque los cieguen la arrogancia y el divorcio de la realidad social, llegaron hace años a la conclusión de para perpetuarse como única superpotencia y mantener su modelo económico parasitario, Estados Unidos debía recurrir principalmente a su poder militar, pisoteando descaradamente el derecho internacional en un saqueo inaudito de los recursos del planeta, los energéticos en primer término.

Mezcla de mesianismo, racismo, misoginia e irracionalidad, el pensamiento nc ve con profundo desprecio al común de las personas e inspirado en Leo Strauss propugna el uso de la mentira y la manipulación del rebaño como ética de la elite gobernante. Sionistas consumados, los nc consideran a Estados Unidos e Israel como los Estados predestinados para imponer a nivel global la democracia y el libre mercado americanos.

Empantanado su ejército en Irak, planean alcanzar el obsesivo “cambio de régimen” en Irán arrasando la nación persa desde el aire. De consumarse, no hay palabras para calificar su impredecible y apocalíptico costo en vidas y sufrimientos humanos. Como Nerón, Bush tañirá la lira contemplando el incendio, canto de cisne del imperialismo yanqui.

aguerra_123@yahoo.com.mx

EEUU y Europa impiden la democracia en los países árabes

Un repaso a la complicidad de Occidente con las dictaduras árabes
EEUU y Europa impiden la democracia en los países árabes

Susana Khalil
El aliado más importante de los Estados Unidos en todo Oriente Medio no es el estado colonial de Israel, sino el régimen dictatorial islamista de Arabia Saudita.

La mal llamada “monarquía saudita” es la mayor productora mundial de petróleo, uno de los principales recursos energéticos de la civilización contemporánea. Es un régimen de corte totalitario, donde los bienes de la nación son controlados por una familia que supuestamente desciende del profeta Mahoma, familia ésta que en realidad fue patentada por las compañías petroleras estadounidenses como Familia Real (fuente: el escritor Tarek Alí). Un régimen de lingotes de oro, diamantes, torturas, penas de muertes y Coco Channel; de mutilaciones y exquisito consumismo; de imperiosas y planetarias especulaciones bursátiles con occidente, opulencia, anacrónicas violaciones humanas. Un régimen déspota, machista, misógino, ligado a un Islam reaccionario, tergiversado y sanguinario. Una dictadura protegida hasta con bases militares estadounidenses. Una fusión entre “cuáqueros” puritanos protestantes e islamistas wahhabis. (Vaya choque de civilizaciones que nos vende el académico Samuel Huntington).

El totalitarismo islamista de la Familia Real Saudita es incluido por muchos dentro del fenómeno neocolonial, donde neocolonialismo debe entenderse como aquella variante del colonialismo donde la fuerza invasora no desplaza sus tropas para perpetrar la usurpación sino que utiliza a los propios nativos, otorgándoles privilegios y poder para garantizar los intereses del usurpador. Se produce una situación similar en el resto de los países árabes petroleros del Golfo Pérsico cuyos regímenes son monarquías islámicas. Aunque también existen monarquías no petroleras.

Es el caso de la monarquía jordana, menos mancillada por el embrutecimiento islamista (atención: cuando digo embrutecimiento islamista no me refiero al Islam sino a los fanáticos), pero también represiva y autocrática, donde no existe ningún partido político.

Siria es una dictadura secular que aniquiló a los marxistas árabes y que jamás ha lanzado la primera piedra para defender sus territorios ocupados, los Altos del Golán. Pero asesina y tortura a sirios, y Amnistía Internacional hace caso omiso. Desarrolla un socialismo donde el 10% de la población controla los bienes de la nación y tiene convenios no firmados con el estado colonial de Israel.

Iraq fue gobernada por un dictador secular puesto directamente por los Estados Unidos para combatir el “fantasma del comunismo”.

Egipto es una dictadura secular financiada directamente por el congreso norteamericano: fue Egipto el que exportó el método de combatir cualquier pensamiento progresista árabe utilizando a los islamistas. Su dictador se perpetúa en el poder a través de la obediencia a los dictados de los Estados Unidos y del estado colonial de Israel.

Libia también es una dictadura secular, con un megalómano al frente que amenaza a Occidente e instrumentaliza la Causa Palestina, pero que actúa reprimiendo a su propio pueblo, como todos los dictadores árabes. Esta figura nunca fue un peligro y hoy con la conciencia del miedo, se somete a Inglaterra para perpetuarse en el poder.

Argelia y Túnez son sistemas seculares, de elecciones libres, pero también grandes laboratorios de represión y tortura.

Marruecos es una dictadura secular, con una monarquía islámica especialmente provechosa para las corporaciones transnacionales europeas.

El Líbano se rige por un sistema democrático. Pero esta democracia está coartada por su propia carta magna, ya que pareciera que el libanés no existe en la constitución libanesa: ésta misma no parte de la condición de ciudadano libanés, sino del “carnet” o “logotipo” religioso de ese supuesto ciudadano. Y es de acuerdo con ese tipo de “carnet” confesional que se clasifica quién sí y quién no puede postularse para ser presidente, primer ministro, diputado y demás cargos oficiales. Fue el colonialismo francés el que dispuso, ante la necesidad de retirase de la nación, el origen de esta constitución. La élite económica libanesa se vio favorecida en ella y la adoptó. Ayer y hoy la sociedad libanesa de carácter libre repudia esa constitución foránea y elitista.

Mientras Occidente hace alarde de la democracia, también resguarda las dictaduras islámicas y seculares árabes, y estrangula refinadamente y fulmina a hambre pura al pueblo palestino (a través del bloqueo económico y humanitario) por osar ejercer la libre democracia. El estado colonial de Israel complementa el trabajo sobre el terreno a toque de masacres y destrucción del hábitat de Palestina. Un infierno, un caos sin auxilio, de desesperanza e ingobernabilidad que conlleva el enfrentamiento entre palestinos.

Provocar este caos, la ingobernabilidad, la barbarie contra los palestinos fue muy efectivo para el estado colonial de Israel y demás secuaces arios de Occidente.

Los palestinos envueltos en tan riesgosa situación, salen del paso, más no del bloqueo de efecto genocida, y realizan un gobierno de unidad. El boicot a la democracia palestina por parte de Occidente y del colonialismo israelita sobrevive y la lucha de liberación también. Por supuesto que la histórica concepción aria sionista bloqueará toda posibilidad de vida al pueblo nativo palestino.

La democracia es una metodología que genera inteligencia y vitalidad en la tribuna palestina: es obvio que el estado colonial de Israel la estrangule, pero en esta empresa, la concepción aria europea y estadounidense serán una fuerza paralela.

Palestinians_natives@yahoo.com

miércoles, 4 de abril de 2007

El Supremo de EE UU niega los derechos constitucionales a los presos de Guantánamo

El Supremo de EE UU niega los derechos constitucionales a los presos de Guantánamo
Antonio Caño
El País

En una indiscutible victoria para el presidente George Bush y sus métodos de lucha contra el terrorismo, el Tribunal Supremo de EE UU rechazó ayer el derecho de los presos en Guantánamo a recurrir su situación ante los tribunales norteamericanos, un derecho esencial consagrado en la Constitución, pero que se les niega a los detenidos de Guantánamo por considerarlos combatientes extranjeros irregulares. Se trata de una decisión crucial, desalentadora para los presos y para las organizaciones de derechos humanos que habían batallado durante años contra la irregularidad de la prisión.

El rechazo del Tribunal Supremo cierra las puertas de la justicia ordinaria norteamericana -al menos por ahora- a los cerca de 400 detenidos en esa base militar estadounidense en la isla de Cuba, de los que apenas una decena han recibido cargos en su contra.

Seis de los nueve miembros del Supremo rechazaron la admisión de dos recursos presentados por los abogados de 40 de los detenidos después de que un tribunal federal se pronunciase ya el pasado mes de febrero en contra de la revisión del hábeas corpus de los presos de Guantánamo. El Supremo no descarta volver a pronunciarse en el futuro si la situación legal de los presos se deteriora más aún.

De momento, los presos tendrán, por tanto, que defender su situación, primero, ante unas comisiones militares especiales encargadas de dictaminar la legalidad de su detención, y, posteriormente, ante otros tribunales castrenses, que los juzgarán.

Los abogados de los detenidos consideran que, aunque no se encuentren físicamente en territorio norteamericano -Guantánamo es, formalmente, de soberanía cubana-, están bajo custodia de personal militar norteamericano y en una base de la que es propietaria EE UU, por lo que deberían ser protegidos por los mismos derechos que cualquier otro ciudadano norteamericano o extranjero en este país.

La mayoría del Supremo, sin negar explícitamente esa argumentación, consideró ayer que el Gobierno está legitimado a tratar a los presos como combatientes extranjeros y a mantener, por tanto, el procedimiento de comisiones militares de acuerdo con la ley antiterrorista aprobada al año pasado por el Congreso -todavía entonces de mayoría republicana- para autorizar, específicamente, ese modelo de tribunales. En realidad, no se trata de un pronunciamiento expreso sobre esa legitimidad, pero ésta se da por reconocida al haberse negado la máxima institución judicial a discutir el recurso.

"Se trata de una decisión decepcionante e injusta que respalda una iniciativa del Parlamento que claramente sorteaba la ley", declaró ayer, tras conocerse la noticia, Michael Ratner, presidente del Centro por los Derechos Constitucionales, uno de los grupos que ha dirigido la batalla legal por los presos de Guantánamo.

La decisión de ayer es la última de una larga disputa legal entre la Administración y el Supremo acerca de Guantánamo que todavía podría conocer algunos episodios en el futuro. En dos ocasiones, desde 2004, el más alto tribunal se pronunció en contra de la legalidad de los tribunales militares creados por el Gobierno para los llamados combatientes irregulares. Y en dos ocasiones, el Gobierno consiguió modificar la ley en el Congreso para incluir sus propósitos sobre los juicios en Guantánamo, hasta que, finalmente, ha conseguido una decisión del Supremo a su favor.

De esta forma, la Administración intentará, a partir de ahora, acelerar la comparecencia de los presos ante las comisiones militares con el objeto de establecer un status legal definitivo en Guantánamo y evitar nuevas acciones judiciales en contra.

Eso no representa, no obstante, una garantía plena de que el asunto de Guantánamo quede ya cerrado. Por un lado, el Supremo seguramente tendrá que pronunciarse en el futuro sobre otros recursos similares procedentes de otros tribunales. Es probable que la posición no sea diferente en esos casos. Pero otra cosa podría ser la revisión de la ley por parte del Congreso.

Dos de los jueces que ayer se pronunciaron contra la aceptación del recurso observaron que tomaban esa decisión basados únicamente en objeciones de procedimiento. La teoría del Supremo parece establecida, sobre la base de los dos pronunciamientos anteriores, en el reconocimiento de que los presos de Guantánamo están amparados por las leyes de EE UU, pero no quiere oponerse a los procedimientos judiciales regulados por el Legislativo.

Esto significa que el Congreso, ahora de mayoría demócrata, podría revisar la ley que permitía y regulaba las comisiones militares para Guantánamo, de tal manera que desaparezca el respaldo legal con que ahora mismo cuenta el Gobierno para esos procedimientos. Eso crearía una situación nueva en la que la actuación de los jueces podría también producir resultados diferentes.

Aunque varios congresistas demócratas han expresado su deseo de acabar con Guantánamo y con las leyes que lo protegen, todo esto supone un difícil y largo proceso durante el que los presos serán tratados y juzgados de acuerdo con las normas actuales.

Una guerra de humillación

Reino Unido-Irán
Una guerra de humillación

Robert Fisk

Nuestros marines están cautivos. Puede que los sometan a juicio. Bombas molotov estallan tras los muros de la embajada británica en Teherán. Pero en definitiva no es una guerra al terror. Es una guerra de humillación.

La humillación de Gran Bretaña, de Tony Blair, de las fuerzas armadas británicas, de George W. Bush y de todo el duelo de disparos en Irak. Y el maestro de la humillación -aunque Tony Blair no se dé cuenta- es Irán, nación que se siente humillada por Occidente desde siempre. ¡Qué complacidos han de sentirse los iraníes al escuchar a Blair y Bush exigir la liberación "inmediata" de los infortunados 15, porque es una demanda a la que fácilmente se le pueden poner oídos sordos! Y así será: tanta insistencia de los dos gobernantes ha asegurado que permanezcan semanas encerrados.

"Conducta inexcusable", rugió Bush el sábado... y a los iraníes les encantó. El ministro iraní, entre tanto, esperaba un cambio en la "conducta" de Gran Bretaña. Mahmoud Ahmadinejad, el presidente del infierno, negador del holocausto, llama a Blair "arrogante y egoísta" -lo mismo decimos todos nosotros, por cierto- luego de negarse a actuar ante el público en la Organización de Naciones Unidas. Soltarán a la "servidora" Faye Turner. Luego que siempre no. Faye, de velo, con un cigarrillo y con una cortina barata estampada de flores al fondo, presentando esas ridículas cartas donde expresa almibarada amistad hacia el "pueblo iraní" y se disculpa con abyección por la incursión británica en aguas iraníes -escrita, sospecho, por los chicos del Ministerio de Orientación Islámica- es la estrella del espectáculo en Irán.

Allá en 1980, cuando Teherán montó su mucho más ambiciosa ocupación de la embajada estadunidense, la estrella fue un balbuciente infante de marina -un tal sargento Ladell Maples-, a quien se indujo a expresar aprecio por la Revolución Islámica del ayatola Jomeini poco antes de los noticieros estadunidenses de horario triple A.

Los iraníes, ven ustedes, entienden a Occidente. Lo entienden mucho mejor de lo que nosotros entendemos -o nos molestamos en entender- a Irán.

Hemos olvidado los años de ocupación aliada en la Segunda Guerra Mundial, la deposición del sha pro alemán y luego, humillación de humillaciones, el derrocamiento del primer ministro democrático Mohamed Mossadeq, orquestada por Allen Dulles, de la CIA, y un excéntrico profesor británico de griego, ex operativo de los Servicios Especiales -llamado Monty Woodhouse-, con algunas armas y un montón de dólares.

Y los iraníes recuerdan bien hasta qué extremos llegó el sha de Irán, nuestro "policía" en el Golfo, el Rey de Reyes, Luz de los Arios, descendiente de Ciro el Grande, para tender a los jóvenes hombres y mujeres iraníes de la resistencia en las parrillas tostadoras de los torturadores de su Ministerio de Seguridad, conocido como Savak.

Tampoco han tenido los iraníes ninguna intención real de llevar a Faye y sus amigos ante cualquier tribunal; prefieren con mucho tener a los británicos mordiéndose las uñas frente a las imágenes de su "nana" en Sky TV, por cortesía, claro, del canal árabe Alalam de Teherán. ¿Y notaron ustedes esa pequeña etiqueta de "exclusiva" en la esquina superior izquierda de la pantalla cuando el riflero Nathan Summers decidió presentarse en público?

Cómo les encanta a los iraníes remedar a sus opresores. Cuando la jerarquía del Ministerio de la Defensa presentó una complejidad de mapas para demostrar que nuestros chicos estaban en aguas iraquíes, los iraníes sacaron a un humilde guardacostas con un mapa Minotauro para mostrar que estaban en su zona de soberanía. La bandera británica aún ondea en su balsa de hule, pero arriba de ella flota la enseña iraní. Noto que nadie ha explicado todavía para qué llevan rifles nuestros chicos y chicas en sus aventuras de navegación si su deber es entregarlas cuando los atacan. ¿Será que en realidad estamos tratando de proporcionar más armas a los guardias revolucionarios?

Pero detrás de todo esto yacen algunas preguntas oscuras... las cuales tendrán, me temo, respuestas aún desconocidas pero todavía más oscuras. Los servicios de seguridad iraníes están convencidos de que los servicios de seguridad británicos tratan de provocar a los árabes de la provincia iraní de Khuzestan para que se subleven contra la República Islámica. Ha habido bombazos allí, uno de los cuales dio muerte a todos los ocupantes de un camión de los guardias revolucionarios, y Teherán culpó al MI5 británico. Escandaloso, dijo. Inexcusable.

Los británicos no hicieron comentarios, ni siquiera cuando los iraníes colgaron a un hombre acusado de esas muertes, del cual se dijo que colaboraba con Londres.

¿Está el Servicio Aéreo Especial británico acosando en el suroeste de Irán a los chicos de Basora con armas ultranovedosas, como dicen que hacen los iraníes en el sureste de Irak? ¿Soltarán los británicos a los cinco iraníes que daban visas a kurdos en Erbil, a los que encerraron hace un par de meses? No, dice Bush. Bueno, ya veremos.

Hay mucho que no sabemos -o no nos interesa- en todo esto. Mientras tanto, quedará para Blair, Bush y el eje de conmoción y pavor de SKY-BBC-CNN-FOX-CBS-NBC-ABC seguir con el jueguito iraní. ¿Enjuiciarán a Faye? ¿Amenazarán a nuestros muchachos con la ejecución? Respuesta: no, pero de seguro pronto los iraníes nos dirán que todos son espías. Mentira, por supuesto. Pero Blair fulminará y Bush rugirá y los iraníes se sentarán a disfrutar cada segundo.

Decenas de miles de iraníes murieron para destruir las legiones de Saddam Hussein. Y ahora nos observan retorcernos las manos de angustia por 15 almas perdidas. Para ellos es una superproducción, la humillación política en pantalla gigante. Y los iraníes no sólo saben montar el drama: hasta escribieron el guión para Blair.

(c) The Independent

Traducción: Jorge Anaya

El imperio mundial: 737 Bases militares estadounidenses

El imperio mundial: 737 Bases militares estadounidenses
Chalmers Johnson
Alternet

En otra época, se podía establecer la extensión del imperialismo contando sus colonias. La versión estadounidenses de la colonia es la Base militar y si observamos los cambios en la política mundial de Bases, podemos aprender mucho en relación con la expansión de nuestras “huellas” imperiales y el militarismo que crece con ellas.

No resulta sencillo, sin embargo, evaluar el tamaño y el valor exactos de nuestro imperio de Bases. Los documentos oficiales accesibles al público relacionados con estos asuntos son engañosos aunque resultan instructivos. Desde 2002 a 2005, según el Base Structure Report , inventario anual del Departamento de Defensa relativo a los bienes raíces que posee en todo el mundo, existe un enorme baile en el número de instalaciones.

El total de Bases militares estadounidenses en otros países en 2005- según fuentes oficiales- era de 737. Si se tienen en cuenta el despliegue de tropas en Iraq y la estrategia de guerras preventivas que sigue el presidente Bush, la tendencia en el número de Bases en el extranjero sigue creciendo.

Resulta muy interesante que las treinta y ocho instalaciones militares estadounidenses de tamaño grande y medio diseminadas por el planeta en 2005 (la mayoría bases aéreas y navales para nuestros bombardeos y flota) casi igualan con exactitud las treinta y seis bases navales y guarniciones británicas en la época de su cenit imperial en 1898. El Imperio Romano en su momento de plenitud en el año 117 (a.C.) necesitaba treinta y siete grandes Bases para vigilar sus posesiones, desde Bretaña hasta Egipto, de Hispania a Armenia. Quizás el número óptimo de grandes fortalezas y guarniciones para una potencia imperialista aspirante a dominar el mundo se mueva entre treinta y cinco y cuarenta.

De acuerdo con los datos para el año fiscal 2005, los burócratas del Pentágono han calculado el valor de sus bases en el exterior en al menos 127.000 millones de dólares- seguramente una estimación muy a la baja pero incluso así todavía muy superior al producto interior bruto de muchos países- y en 658.100 millones el valor de todas sus Bases, exteriores e internas (el valor de una Base se establece según lo que considera el Departamento de Defensa que costaría remplazarla). Durante el año fiscal 2005, el alto mando militar tenía desplegados en nuestras bases en el exterior unos 195.975 soldados, un número similar de empleados y funcionarios civiles del Departamento de Defensa y 81.425 trabajadores extranjeros contratados.

El total mundial del personal militar estadounidense en 205, incluidos los que tienen su base en el interior del país, fue de 1.840.062, auxiliados por 473.306 funcionarios civiles del Departamento de Defensa y 203.528 contratados locales. Sus bases en el exterior, según el Pentágono, tienen 32.327 cuarteles, hangares, hospitales y otros edificios de su propiedad, y 16.527 más en alquiler. El tamaño de estas instalaciones, reflejada en el inventario, ocupa 687.347 acres(1) en el exterior y 29.819.492 en total, lo que convierte al Pentágono en el mayor terrateniente del mundo.

Estas cifras, aunque asombrosamente altas, ni siquiera suponen el total de las bases que ocupamos en todo el mundo. El Base Structure Report (Informe sobre la Estructura de las Bases) de 2005 no refleja, por ejemplo, ninguna guarnición en Kosovo ( es decir, en Serbia, país del que todavía es una provincia), a pesar de ser la sede del enorme Camp Bondsteel, construido en 1999 y mantenido desde entonces por la multinacional KBR (anteriormente conocida como Kellogg Brown & Root), una filial de la corporación Halliburton de Houston.

El informe excluye, asimismo, las bases en Afganistán, Iraq (106 acuartelamientos en mayo de 2005), Israel, Kirguizistán, Qatar y Uzbekistán, a pesar de que el ejército de Estados Unidos ha establecido una colosal estructura de bases en la región del Golfo Pérsico y Asia Central desde el 11-S. A modo de excusa, una nota en el prefacio dice que “las instalaciones ofrecidas por otros países en localidades extranjeras” no están incluidas, aunque ello no es estrictamente cierto. El informe incluye veinte instalaciones en Turquía, todas ellas de propiedad del gobierno turco y de utilización conjunta con los estadounidenses. El Pentágono sigue omitiendo en sus cuentas gran parte de los 5.000 millones que cuestan las instalaciones militares y de espionaje en Gran Bretaña, convenientemente disfrazadas como bases de la Royal Air Force. Si hubiera una contabilidad decente, el tamaño verdadero de nuestro imperio militar alcanzaría a 1.000 bases en el exterior, pero nadie- posiblemente ni el mismo Pentágono- sabe con certeza el número exacto.

En algunos casos, los propios países extranjeros han intentado mantener en secreto sus bases estadounidenses por miedo a las consecuencias de revelar su complicidad con el imperialismo estadounidense. En otros, el Pentágono parece querer minimizar la construcción de instalaciones encaminadas a controlar las fuentes de energía o, en una situación determinada, a mantener un red de bases que hicieran posible mantener Iraq bajo nuestra hegemonía, al margen de los deseos de cualquier gobierno iraquí futuro. El gobierno estadounidense intenta no divulgar información alguna sobre las bases que utilizamos para la escucha camuflada de las comunicaciones mundiales, o para nuestros despliegues nucleares que, como escribe William Arkin- una autoridad en la materia- “Han violado sus obligaciones internacionales. Estados Unidos está mintiendo a la mayoría de sus aliados más cercanos, incluso en la OTAN, sobre sus proyectos nucleares. Decenas de miles de armas nucleares, centenares de Bases, y docenas de barcos y submarinos existen en un mundo secreto especial sin razones militares ni de justificación como “fuerza de disuasión.”

En Jordania, por dar un simple ejemplo, hemos desplegado más de cinco mil soldados en bases a lo largo de las fronteras de Iraq y Siria. (Jordania ha colaborado asimismo con la CIA en la tortura de prisioneros que les hemos enviado para “interrogar”). A pesar de ello, Jordania sigue asegurando que no tiene ningún compromiso especial con Estados Unidos, ni bases ni presencia militar estadounidense.

El país es oficialmente soberano pero en realidad es un satélite de Estados Unidos y lo ha sido por los menos durante los últimos diez años. De la misma manera, antes de nuestra retirada de Arabia Saudí en 2003, habitualmente negábamos que manteníamos una flota de enormes y fácilmente detectables bombarderos B-52 en Jeddah porque así lo exigía el gobierno saudí. Mientras que los burócratas militares puedan continuar con su cultura secretista para protegerse, nadie sabrá el verdadero tamaño de nuestras bases en el mundo, y menos que nadie los representantes electos del pueblo estadounidense.

En 2005, los despliegues de tropas en el exterior y en el interior fueron constantes. Se dijo que ello se debía tanto a un amplio cambio en la estrategia de mantenimiento de nuestro dominio mundial cuanto al cierre de bases sobrantes en el interior pero, en realidad, muchos de los cambios parecían en gran medida motivados por la necesidad del gobierno de Bush de castigar a los países y estados interiores que no habían apoyado sus esfuerzos en Iraq y de recompensar a quienes sí lo habían hecho. Así, en Estados Unidos, se trasladaron bases hacia el Sur, a estados con actitudes , tal como señalaba el Christian Science Monitor: “ más inclinados a las tradiciones militares” que los del nordeste, el noroeste medio o la costa del Pacífico. Según un empresario de Carolina del Norte que se regodeaba con sus nuevos clientes: “El ejército va allí donde se le quiere y valora más.”

En parte, el realineamiento se hizo girar alrededor de la decisión del Pentágono de traer a casa en 2007 y 2008 dos divisiones desde Alemania (la primera División Blindada y la primera División de Infantería) y una Brigada (3.500 hombres) de la segunda División de Infantería situada en Corea del Sur (que, en 2005 fue oficialmente realojada en Fort Carson, Colorado). Mientras la resistencia iraquí continúa, las fuerzas implicadas son sobre todo las de ultramar y las instalaciones interiores no están preparadas para ellas (ni hay suficiente dinero presupuestado para adecuarlas).

Sin embargo, más pronto o más tarde, más de 70.000 soldados y 100.000 miembros de sus familias tendrán que ser realojados en el interior de Estados Unidos. El previsto “cierre de bases” de 2005 en Estados Unidos es en realidad una consolidación de instalaciones militares y un programa de ampliaciones con una enorme transferencia de de dinero y consumidores que van a unas pocas áreas seleccionadas. Al mismo tiempo, lo que parece ser una reducción del Imperio en el exterior se está demostrando ser en realidad un crecimiento exponencial de nuevos tipos de Bases- sin las cargas ni servicios que precisan- en zonas muy remotas donde el ejército estadounidenses nunca había estado antes.

Tras el desplome de la Unión Soviética en 1991, para cualquiera que reflexionara sobre ello, resultaba obvio que las enormes concentraciones de fuerzas militares en Alemania, Italia, Japón y Corea del Sur ya no eran necesarias para afrontar eventuales amenazas militares. Ya no iba a haber guerras futuras con la Unión Soviética o con cualquier otro país de la zona.

En 1991, la primera Administración Bush debería haber empezado a desmantelar o redesplegar las tropas sobrantes; y, de hecho, el gobierno Clinton cerró algunas bases en Alemania, como las que protegían el desfiladero de Fulda, en otra época considerado la ruta preferente para una invasión soviética de Europa occidental. Pero no se hizo nada en realidad en aquellos años para planificar la nueva estrategia de recolocación del ejército estadounidense fuera de Estados Unidos.

A finales de los años 1990, los neoconservadores estaban desarrollando sus grandiosas teorías para promover un abierto imperialismo de la “superpotencia solitaria”, que incluía unilaterales acciones militares preventivas y anticipatorias, extensión de la democracia en el exterior a punta de pistola, obstruir el crecimiento de cualquier país o bloque de países que pudieran suponer una desafío a la supremacía militar estadounidense y a una concepción de un Oriente Próximo “democrático” que nos suministrara todo el petróleo que necesitáramos. Uno de los componentes de su gran proyecto era el redespliegue y el reforzamiento de la capacidad de aerotransporte militar. El argumento inicial era un programa de transformación que convirtiera las fuerzas armadas en más ligeres, más ágiles, con una alta tecnología militar que, se decía, iba a liberar fondos para invertir en la política imperial de vigilancia.

Lo que llegó a conocerse como “transformación de la defensa” empezó a hacerse público durante la campaña presidencial del 2000. Más tarde, se produjeron las guerras de Afganistán e Iraq, momento en que el programa neocon empezó a ponerse en práctica. Política que se centró por encima de todo en una rápida y sencilla guerra para incorporar Iraq al Imperio. En aquella época, los dirigentes civiles del Pentágono se encontraban peligrosamente seguros de lo que consideraban el esplendor y la imbatibilidad militar de Estados Unidos, demostradas en su campaña de 2001 contra los Talibán y al-Qaeda mediante una estrategia basada en reavivar la guerra civil afgana por medio de la financiación de los señores de la guerra de la Alianza del Note y la utilización masiva del potencial aéreo estadounidense para apoyar su avance sobre Kabul.

En agosto de 2002, el secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld reveló su “estrategia de defensa 1-4-2-1” de reemplazar los planes de la era Clinton para conseguir un ejército capaz de llevar a cabo dos guerras a la vez: en Oriente Próximo y el nordeste de Asia. Ahora, los planificadores de la guerra deberían prepararse para defender Estados Unidos creando y reuniendo fuerzas capaces de “ disuadir las agresiones y amenazas” en cuatro “regiones críticas”: Europa, Asia del Norte (Corea del Sur y Japón), Este de Asia ( Estrecho de Taiwan) y Oriente Próximo, estar en condiciones de derrotar las agresiones en dos de estas regiones simultáneamente, y “obtener una victoria decisiva” (en el sentido de conseguir “cambio de gobierno”) en uno de esos conflictos “en el momento y lugar que elijamos”. Tal como el analista militar William M. Arkin comentaba: “(Con) las fuerzas militares ya desplegadas al límite, la nueva estrategia iba más allá de prepararse para actuaciones de represalia y se parecía más a un plan para iniciar enfrentamientos en nuevas regiones del mundo.”

La aparente fácil victoria en tres semanas sobre las fuerzas de Saddam Hussein en la primavera de 2003 sirvió para corroborar aquellos planes. El ejército estadounidense se veía tan fastuoso que podía llevar a cabo cualquier misión que se le asignara. El desmoronamiento del régimen Baazí de Bagdad sirvió también para que el secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, se envalentonara e hiciera uso de la “transformación” para castigar a los países que, en el mejor de los casos, habían sido tibios sobre el unilateralismo estadounidense- Alemania, Arabia Saudí, Corea del Sur y Turquía-, y para recompensar a aquellos cuyos dirigentes habían apoyado la Operación “Libertad para Iraq”, incluidos viejos aliados como Japón e Italia y también países ex comunistas como Polonia, Rumania y Bulgaria. La consecuencia fue el programa Integrated Global Presence del Departamento de Defensa, conocido familiarmente como “Global Posture Review”.
El presidente Bush lo mencionó por vez primera en una declaración el 2 de noviembre de 2003, en la que prometió llevar a cabo “Un realineamiento global” de Estados Unidos. Volvió a pronunciar la frase y a reelaborarla el 16 de agosto de 2004, en un discurso pronunciado en la convención anual de los veteranos de guerra en Cincinatti. Debido a que el discurso de Cincinatti formaba parte de la campaña para las elecciones presidenciales de 2004, sus comentarios no fueron tomados muy en serio en aquellos momentos. Aunque dijo que Estado Unidos reduciría sus tropas en Europa y Asia entre 60.000 y 70.000 efectivos, aseguró a su audiencia que ello llevaría una década- mucho más allá que su presidencia- e hizo una serie de promesas que sonaron más parecidas a un reclamo para el reclutamiento que una declaración estratégica.

“Durante la próxima década, vamos a desplegar una fuerza más ágil y flexible, lo que significa que la mayoría de nuestras tropas estarán acuarteladas y se desplegarán desde aquí, desde casa. Trasladaremos algunos de nuestros soldados e instalaciones a nuevas localizaciones, de forma que puedan movilizarse rápidamente para afrontar amenazas imprevistas....Ello disminuirá la tensión de nuestras tropas y de nuestras familias militares...Es decir, nuestras fuerzas en activo tendrán más tiempo para estar en el frente interno y lo más previsible es que sufrirán menos traslados a lo largo de su carrera. Las mujeres de nuestros militares soportarán menos cambios de trabajos, tendrán una estabilidad mayor, dispondrán de más tiempo para sus hijos y para disfrutar de sus familias.”

No obstante, El 24 de septiembre de 2004, el secretario Rumsfeld reveló los primeros detalles concretos del proyecto al Comité del Senado de Fuerzas Armadas. Con su característica grandilocuencia, lo describió como “la mayor reestructuración de las fuerzas de Estados Unidos en el mundo desde 1945.” Citando al entonces subsecretario Douglas Feith, añadió: “Durante la Guerra Fría teníamos una gran seguridad de por dónde podían venir los principales riesgos y enfrentamientos, de manera que podíamos llevar a gente allí. Ahora tenemos que actuar con una idea totalmente distinta. Necesitamos ser capaces de abordar todo tipo de operaciones militares, desde el combate hasta el mantenimiento de la paz en cualquier lugar del mundo y lo más rápido posible.”

Aunque ello pueda sonar como algo plausible, en términos generales abría un enorme panorama de actuaciones diplomáticas y campos minados que los militaristas de Rumsfeld con toda seguridad infravaloraron. Para expandirse en las nuevas regiones, los Departamentos de Estado y Defensa deberían negociar con los países anfitriones asuntos como el Estatuto de las Fuerzas Armadas o SOFA (en sus siglas inglesas), que se explicarán con detalle en el próximo capítulo. Además, tenían que concluir otros muchos protocolos imprescindibles, como la entrada de nuestros portaviones y barcos en aguas y espacios aéreos extranjeros, y el acuerdo sobre el artículo 98 del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional que permite a los países eximir de la jurisdicción del TPI a los ciudadanos estadounidenses en su territorio.

Semejantes acuerdos sobre inmunidad fueron exigidos en el Congreso por la Ley de Protección de los Funcionarios estadounidenses de 2002, incluso aunque la Unión Europea mantuvo que eran ilegales. Además otros acuerdos necesarios eran los de compras e intercambio de servicios o ACSA, relativos al abastecimiento y almacenaje de fuel para vuelos, munición, etc; las condiciones de alquiler de los terrenos, los niveles de ayuda bilateral estadounidense política y económica (los denominados apoyo a los países anfitriones); los de entrenamiento y maniobras (¿están permitidos los aterrizajes nocturnos? ¿las maniobras con fuego real?;) y las responsabilidades por la contaminación del medio ambiente.

Cuando Estados Unidos no está presente en un país en calidad de conquistador o de salvador- tal como ocurrió en Alemania, Japón e Italia al acabar la II Guerra Mundial, y en Corea del Sur tras el armisticio de 1953 en la Guerra de Corea-, resulta mucho más difícil asegurar el tipo de acuerdos que permitan al Pentágono hacer lo que quiera y que obligan al país anfitrión a hacerse cargo de una gran parte de los costes. Cuando no se basa en la conquista, la estructura del Imperio de Bases estadounidense parece sumamente frágil