viernes, 1 de junio de 2007

Mientras arde Gaza

Mientras arde Gaza
Jaled Amayreh
Al Ahram Weekly

Traducido por Sinfo Fernández y revisado por Caty R.

Con mucha precaución, para asegurarse de que no se repitan los “errores” de la guerra del año pasado contra Hezbolá, el ejército israelí continuó bombardeando barriadas residenciales palestinas en Gaza y en las zonas de los alrededores, infligiendo muerte y destrucción a la población indefensa

El domingo pasado por la tarde, un bombardero F-16 israelí lanzó dos misiles sobre la casa de Jalil al Hayya, un diputado palestino que representa al Partido por la Reforma y el Cambio, partidario de Hamás.

Los misiles destruyeron su hogar asesinando al menos a seis miembros de su familia, incluidos su mujer y parte de sus hijos. Otras dos personas que visitaban el hogar de los al Hayya también fueron asesinadas en el ataque, que algunos oficiales israelíes sugirieron que estaba diseñado para causar “conmoción y pavor”. Sin embargo, al Hayya resultó herido.

Con anterioridad la fuerza aérea israelí llevó a cabo un número de ataques contra edificios del gobierno hiriendo a muchos civiles y causando incontables daños en la infraestructura.

El martes por la tarde los aviones de combate israelíes, incluyendo helicópteros Apache y aviones robot de vigilancia, bombardearon una serie de talleres del metal, afirmando que los negocios familiares estaban implicados en la fabricación de misiles Qassam.

Alrededor de 30 palestinos resultaron heridos, la mitad de ellos estaban desarmados y no tenían conexión alguna con ningún grupo armado. Los israelíes declararon que los ataques eran la respuesta a una descarga de misiles Qassam que fueron lanzados hacia algunas ciudades israelíes, como Sderot, cerca de la frontera con Gaza.

Sin embargo, los Qassam son notoriamente imprecisos y aunque hagan mucho ruido y humo y causen alguna destrucción, han matado a muy poca gente. Por eso están considerados por los israelíes y por muchos palestinos fundamentalmente como un arma psicológica que fomenta un sentimiento colectivo de ansiedad entre la población israelí, especialmente la de Sderot.

Esta ansiedad se vio exacerbada cuando murió una mujer israelí en Sderot. Hasta entonces, ésta fue la única baja causada por el lanzamiento de más de 60 Qassam, un testimonio claro de la relativa ineficacia de esos proyectiles.

En efecto, la mayoría de las “víctimas” israelíes han sido personas que sufrían de shock. Pero si alguien que “sufre un shock” es considerado como “un herido” o “una víctima”, entonces los palestinos pueden, con todo el derecho, declarar que toda la población de Gaza (casi un millón y medio de personas) está sufriendo shocks mucho mayores debido a los bombardeos casi diarios y las matanzas indiscriminadas a los que están sometidos.

No hay duda de que el motivo fundamental de la reciente incursión israelí en Gaza tiene mucho que ver con el deseo del gobierno israelí de compensar los fracasos de la guerra de Líbano y poner en marcha las recomendaciones de la Comisión Winograd. Esto siguió a las fuertes críticas contra la dirigencia político-militar por la Comisión, que hizo públicas acusaciones de mala administración y afirmó que esta actuación había permitido a Hezbolá infligir bastantes bajas a la parte israelí.

Algunos observadores especularon con que los desproporcionados ataques contra Hamás, unido a las renovadas amenazas de asesinar el Primer Ministro palestino Ismail Haniyeh y al jefe del politburó de Hamás, Jaled Mashaal, constituyen una activa intervención israelí en las confrontaciones intermitentes entre Hamás y la llamada “tendencia pro-estadounidense” dentro de Fatah, encabezada por Mohamed Dahlan.

En efecto, los dirigentes militares israelíes dudaron de atacar a Hamás mientras estallaban las luchas internas entre las dos organizaciones palestinas. Sin embargo, cuando amainaron, el ejército israelí se dirigió específicamente contra Hamás.

La semana pasada el periódico israelí Haaretz informó de que, de forma anónima, algunos gobiernos occidentales, incluyendo presumiblemente a EEUU, habían pedido a Israel que ayudara a Fatah a derrotar a Hamás, siguiendo el ejemplo de la intervención etíope en Somalia contra los anteriores combatientes de la Unión de Tribunales Islámicos.

Fatah rechazó airadamente esas acusaciones como si la veracidad de las mismas pudiera situarle como apoderado de los israelíes y estadounidenses luchando contra los patriotas palestinos.

El domingo, Urayeb Rantawi, un comentarista palestino que vive en Jordania, urgió a Fatah a confirmar su raison d’être y clarificar sus objetivos. “Queremos saber, el pueblo palestino quiere saber, si Fatah sigue siendo aún el glorioso movimiento de liberación de sus comienzos que mantuvo la lucha por la libertad y la liberación durante décadas o se ha convertido en un grupo israelizado que está siendo financiado y armado por EEUU e Israel”

Mientras tanto, los últimos enfrentamientos entre Fatah y Hamás parecen haber terminado por ahora, debido principalmente a los intensos esfuerzos de mediación egipcios. Sorprendentemente no ha habido esfuerzos de mediación por parte de otros estados árabes.

Los últimos combates, que han durado más de una semana, dejaron hasta 45 palestinos muertos y muchos más heridos. Además, la lucha exacerbó el abismo psicológico entre los dos movimientos y puede haber determinado el escenario de futuras confrontaciones armadas si no se adoptan soluciones globales en un futuro próximo.

El periodista de Gaza Salah Al-Naami, un experto en temas israelíes y corresponsal del periódico panarabista con sede en Londres Al-Sharq Al-Awsat, escribió el lunes pasado que: “A menos que Hamás y Fatah acuerden una asociación auténtica, el último alto el fuego será una mera pausa o un breve respiro en la lucha fratricida”.

Al-Naami sugirió también que se podrían adoptar las formas tradicionales de reconciliación entre los clanes y familias de Gaza que han perdido hijos en esos enfrentamientos con el “dinero sangriento” o diyya, que se paga a todas y cada una de las familias afectadas.

Al-Naami llamó a los estados árabes ricos a emprender esa tarea, diciendo que una empresa así podría representar un tratamiento radical del problema.

Políticamente también es seguro suponer que esas confrontaciones se reanudarán más pronto que tarde si las fuerzas y milicias responsables ante Dahlan y la Fuerza Ejecutiva de Hamás continúan rechazando responder ante el Ministro palestino del Interior.

En efecto, debido a ese rechazo, Hani Al Qawasmeh, anterior Ministro del Interior, dejó de forma airada su puesto recientemente, argumentando que las milicias ignoraban las órdenes provenientes del Ministerio del Interior.

Yendo más al grano, es también imperativo que el liderazgo palestino se asegure de que las fuerzas de Fatah corten todos los contactos y coordinación con los representantes estadounidenses, tales como el Coordinador de Seguridad de Estados Unidos ante la AP e Israel, Keith W. Dayton, que no disimula su deseo de avivar el fuego de la guerra civil entre palestinos, aparentemente con el propósito de servir a los intereses de Israel.

Jaled Amayreh es un periodista independiente palestino que vive en Jerusalén Este.

Sinfo Fernández y Caty R. pertenecen a los colectivos de Rebelión y Cubadebate. Caty R. además es miembro de Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, la traductora y la fuente.

Original en inglés: http://weekly.ahram.org.eg/2007/846/re71.htm

Cheney, Israel e Irán

Frustrado con Bush, el vicepresidente insta a Israel a atacar Irán
Cheney, Israel e Irán

Gary Leupp
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


“Actualmente hay una carrera entre diferentes flancos del gobierno para determinar el curso futuro de la política USA-Irán,” escribe Steven C. Clemens, conocedor de lo que sucede en Washington, en su blog Washington Note. “En un flanco están los diplomáticos, en el otro está el equipo del vicepresidente Cheney y sus acólitos – que pueblan una franja bastante ancha que pasa por la burocracia de la seguridad nacional estadounidense.” Es “inquietante” porque “la persona en el gobierno de Bush que más quiere un conflicto ‘caliente’ con Irán es el vicepresidente Cheney.”

Clemens cita a un ayudante de Cheney diciendo “que el propio Cheney está frustrado con el presidente Bush y cree, de modo muy similar a Richard Perle, que Bush está cometiendo un error desastroso” al apoyar la actitud diplomática hacia Irán que aparentemente prefiere el Departamento de Estado. Así que Cheney planea emprender una “estrategia de carrera directa hacia el objetivo” esquivando al presidente (que actualmente se tambalea más hacia los “realistas” de Condi Rice que hacia los neoconservadores de Cheney) si su flanco no prevalece y Bush resiste a las exigencias de los neoconservadores y del lobby de AIPAC para un enfrentamiento sangriento.

“El pensamiento del equipo de Cheney es coludirse con Israel, dar a Israel un codazo aprobatorio en algún momento crucial del actual impasse entre las actividades nucleares de Irán y la frustración internacional al respecto, para que lance un ataque convencional a pequeña escala contra Natanz, utilizando misiles crucero. Esperaría que esta estrategia provoque un contraataque iraní contra fuerzas de USA en el Golfo que baste para obligar a Bush a abandonar el camino diplomático que propugnan los realistas del gobierno y a que se lance a otra guerra.”

Es el artículo más aterrador que haya leído desde hace tiempo, junto con la última columna de Justin Raimondo en antiwar.com que se basa en él. Raimondo, citando una reciente entrevista de CNN con Seymour Hersh, vincula a Cheney y al Consejero Adjunto de Seguridad Nacional Elliott Abrams (actualmente el neoconservador más poderoso en el gobierno) con el apoyo de USA para la milicia suní Fateh al Islam en el Líbano como un medio para debilitar a Hezbolá. “George W. Bush,” declara, “está totalmente fuera de circuito” en lo que Raimondo llama “el gobierno de Cheney.”

Estos informes suenan a verdad, me parece. Bob Woodward ha documentado, citando a Colin Powell, cómo Cheney y su pandilla neoconservadora formaron “un pequeño gobierno separado” en 2002 a fin de organizar el ataque contra Iraq, precedido por una campaña de desinformación que el estúpido en la Oficina Oval podría perfectamente haber tragado ansiosamente y sin cuestionar nada. Cheney declaró en el show de Don Imus en MSNBC en enero de 2005, que “en vista del hecho de que Irán tiene una política declarada cuyo objetivo es la destrucción de Israel, los israelíes perfectamente podrían decidir actuar primero, y dejar que el resto del mundo se preocupe después de limpiar el lío diplomático.” Implicó que si USA no actuara contra Irán, los israelíes podrían tener que hacerlo y tendrían razón. Los propugnadores de AIPAC y de los thinktank neoconservadores de un ataque contra Irán cuentan con la comprensión de legisladores de ambos partidos. A pesar de contratiempos y de lo que la gente pensante pueda ver como el desprestigio total de la facción neoconservadora resultante de la denuncia de las mentiras del gobierno, el amplio plan neoconservador (la imposición de regímenes favorables a USA, amistosos hacia Israel, en todo el Sudeste Asiático) sigue estando a la orden del día.

Cheney, dice Clemens, está frustrado con Bush. Tal vez la relación entre mentor y discípulo de la que gozó con el presidente más joven, confiado, ignorante e impresionable se ha debilitado con el tiempo. Tal vez sea posible que Bush haya creído verdaderamente los trozos de desinformación colocados sobre su escritorio por Douglas Feith, Abram Shulsky y los otros operadores de la Oficina de Planes Especiales que ahora han sido todos tan claramente desenmascarados, y ahora que ahora culpe a Cheney y a sus neoconservadores por su embarazo. Tal vez su querida amiga Condi lo esté urgiendo para que cuestione el buen juicio de Cheney sobre la política en Oriente Próximo. Y tal vez el vicepresidente más poderoso de la historia de USA esté realmente impulsando una “estrategia de carrera directa hacia el objetivo” para realizar la agenda neoconservadora, dejando a Bush fuera de circuito.

Ha quedado en claro por lo menos desde hace cinco años que Cheney, la figura clave en este gobierno dirigido formalmente por un sujeto perdidamente confuso que sigue aprendiendo a hablar, quiere llevarlo a expedir las órdenes necesarias para derribar a los gobiernos iraní y sirio y aplastar a sus aliados en el Líbano y Palestina. Él y su jefe de equipo "Scooter" Libby, junto con Perle y toda la cabala, parecían estar tener la situación bajo un control perfecto hasta que el pueblo iraquí a través de su resistencia contra la ocupación llevó al pueblo estadounidense a darse cuenta de lo que cuesta la agresión imperialista y creó una oportunidad para el periodismo crítico en una atmósfera fascista incipiente. Ahora existe definitivamente una “carrera en vías de ejecución” no sólo entre dos facciones del gobierno sino entre el movimiento contra la Guerra y el movimiento de Apocalipsis Ahora encabezado por Cheney.

Inmediatamente después del 11-S Cheney habló de una guerra que duraría generaciones, comparable con la Guerra Fría, una guerra que no se limitaría a una reacción contra al-Qaeda sino que tendría objetivos múltiples y cambiantes. Es un hombre bien consciente de su mortalidad, a los 66 años, después de cuatro ataques cardíacos, que se siente cómodo generando esa guerra artificial no provocada basada necesariamente en la ignorancia y la islamofobia. Probablemente sabe que aunque desencadene el infierno total sobre el Sudoeste Asiática podrá morir confortablemente rodeado por sus nietos. Con aire de suficiencia se siente seguro de que nunca enfrentará la suerte de un Tojo Hideki o de un Heinrich Himmler. Probablemente tiene razón en esto, pero es seguro que es impugnable, incluso sobre la base de lo que Clemens sugiere que podría constituir una “insubordinación criminal” contra el necio de su jefe.

El mes pasado el representante Dennis Kucinich presentó una resolución en la Cámara de Representantes para impugnar a Cheney, en parte porque ha “amenazado abiertamente con la agresión contra la República de Irán, sin que haya ninguna amenaza real contra USA, y lo ha hecho con la capacidad demostrada de USA de ejecutar amenazas semejantes.” ¿No aumentan estos últimos informes el caso contra ese monstruo, y subrayan la urgencia de impugnarlo?

Gary Leupp es profesor de historia en la Universidad Tufts, y profesor adjunto de Religión Comparativa. Es autor de “Servants, Shophands and Laborers in the Cities of Tokugawa Japan”; “Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan”; e “Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women, 1543-1900.” También colaboró con la despiadada crónica de CounterPunch sobre las guerras en Iraq, Afganistán y Yugoslavia: “Imperial Crusades.” Para contactos escriba a: gleupp@granite.tufts.edu

http://www.counterpunch.org/leupp05262007.html

Chalabi habla

Entrevista con el hombre cuyas mentiras fueron el pretexto para la guerra
Chalabi habla

Patrick Cockburn
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Ahmed Chalabi está de pie en la orilla del río Tigris dentro del fácil alcance de un francotirador al lado opuesto y contempla las vigas de acero retorcidas del puente al-Sarafiyah en Bagdad, con sus tramos centrales desgarrados por un masivo camión bomba el mes pasado. La fuerza de la explosión lo impresiona. “Me sorprende que la explosión haya logrado derribar tres tramos,” dice mientras mira las ruinas.

Es una escena bastante plácida, pero nada en Bagdad es verdaderamente seguro. Supuse que los numerosos guardias de la policía y del ejército fuertemente armados de Mr. Chalabi sabían lo que estaban haciendo pero esperaba que no perdiéramos demasiado tiempo. El puente al-Sarafiyah que solía ser uno de los hitos de Bagdad, conectaba el distrito chií en el que estábamos con Wazzariyah, donde ha habido choques con insurgentes suníes. Busqué un plinto de hormigón del puente de tamaño tranquilizador para hurtar el cuerpo en caso de que hubiera un tiroteo.

Conspicuo en un traje de negocios oscuro, Mr. Chalabi parecía despreocupado por nuestra posible vulnerabilidad al fuego hostil y hablaba con algunos de los hombres a cargo de la reconstrucción del puente. No había señales de reconstrucción. Subió a un pequeño, oscuro, bote patrullero de la policía fluvial que dio vueltas bajo el puente durante unos breves momentos. Al volver a la ribera señaló que uno de los policías en el bote le había dicho que “cinco de 16 policías fluviales de su unidad habían sido muertos.” “Francotiradores en Taji,” comentó uno de sus ayudantes. En cuanto al puente, Mr. Chalabi dijo que la reconstrucción es “muy lenta – deberían estar trabajando ahora.”

Los restos descalabrados del puente al-Safariyah eran un sitio extraño para encontrar al hombre al que oponentes de la invasión de Iraq consideran como objeto de odio que engañó a USA para llevarlo a una sangrienta e innecesaria guerra amañando evidencia de que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva. Siempre ha tenido una colección impresionante de enemigos. Satanizado por Sadam como creación de los estadounidenses, fue simultáneamente aborrecido por la CIA y el Departamento de Estado sobre todo porque no obedecía las órdenes estadounidenses.

Sea cual sea su futuro político, Mr Chalabi es uno de los grandes supervivientes de la política iraquí. “Nunca lo des por perdido,” me dijo Hoshyar Zebari, el ministro de exteriores iraquí, el año pasado. Para comenzar, sigue vivo a pesar de numerosos intentos de asesinato. A los 62 años, ha visto extraordinarios reveses de fortuna. Proviene de una acaudalada familia chií que tuvo éxito en Bagdad hasta el derrocamiento de la monarquía en 1958. Oponente continuo de Sadam Husein, llegó a ser banquero en Jordania sólo para ver como su banco se derrumbaba en circunstancias controvertidas a fines de los años ochenta. En los años noventa estuvo en Kurdistán iraquí tratando vanamente de utilizarlo como una plataforma para derrocar a Sadam. Obligado a huir de nuevo en 1996 parecía haber fracasado, pero 10 años después Sadam está en su tumba y Mr. Chalabi reside en su casa fuertemente fortificada en Bagdad.

Reunirse con dirigentes políticos en Bagdad es diferente de otros países, donde la dificultad es generalmente conseguir la entrevista para comenzar. Para realizarla basta con llamar un taxi.

En Bagdad el problema puede ser cubrir los últimos 500 metros para ver a la persona a ser entrevistada sin demasiado peligro. Cuando se encuentra a iraquíes y extranjeros en la Zona Verde en Bagdad es obvio que pocos tienen la menor idea del riesgo involucrado en llegar para verlos. Un embajador dio alegremente una fiesta con comienzo a las 9 de la noche e invitó a gente de fuera de la zona, cuando ni un gato se mueve por las calles de Bagdad.

Yo había llamado la oficina de Mr. Chalabi por la mañana. Yo estaba en realidad en la Zona Verde viendo a amigos kurdos cuando llegó la respuesta de que podía verme casi de inmediato. No vive en la Zona Verde sino en una villa parecida a una fortaleza que no está lejos. Dos vehículos repletos de hombres armados fueron enviados a recogerme. Condujimos por las calles desoladas del oeste de Bagdad, que en estos días se parece a una zona de guerra, a gran velocidad, zigzagueando alrededor de muros de hormigón contra explosiones y rollos de alambres de púa.

Mr. Chalabi estaba esperando en la casa en el distrito al-Mansur, que solía ser conocido como el barrio de las embajadas de Bagdad pero que ahora es un sitio mortalmente peligroso.

Había unos pocos coches y al comenzar la noche los negocios que habían abierto estaban cerrando. Había soldados y policías de aspecto nervioso por todas partes. Teníamos que ir a otra casa, conocida como La Hacienda, que una vez perteneció a su padre. Para ser un hombre que no es oficialmente miembro del gobierno, su escolta de policía y del ejército mostraba un imponente poder de fuego.

Había encontrado a Mr. Chalabi a comienzos de los años noventa, y siempre me había impresionado su habilidad como manipulador y su capacidad de volver a surgir de la derrota. También tenía una capacidad de irritar a sus amigos y de atraer la aversión de sus enemigos en un grado que parecía estar más allá de la razón. Unos pocos días antes de encontrarlo en al-Mansur, un funcionario en la Zona Verde me dijo con sentimiento que consideraba que Mr. Chalabi era “malo.”

Sin embargo, gran parte de lo que había hecho durante los años noventa era lo que hacen todas las oposiciones exiliadas cuando tratan de derrocar a un régimen autoritario. Tratan de fomentar la agitación, golpes o motines dentro de su país y de buscar el respaldo de países vecinos y de las grandes potencias. Mr. Chalabi hizo lo que otros en la oposición iraquí hacían pero con más éxito. USA no había continuado hacia Bagdad para derrocar a Sadam Husein en 1991. La oposición siempre quiso tentarlos a que lo trataran de nuevo. Intentos de golpes y motines habían fracasado todos al llegar el año 1996. Era probablemente inevitable. Mr. Chalabi una vez me dijo que la gente “fuera de Iraq no comprende lo difícil que era tratar de derrocar un gobierno con un servicio de seguridad violento y proactivo.”

¿Inventó evidencia de armas de destrucción masiva o llevó a testigos a hacerlo? En realidad, toda la oposición, particularmente los servicios de seguridad kurdos, lo estaban haciendo. Pero era absurdo que la CIA y diversos servicios y periódicos estadounidenses, junto al M16, pretendieran posteriormente que habían sido engañados. Sabían lo que el presidente George Bush y Tony Blair querían y se lo dieron.

La justificación propia de Mr. Chalabi para alentar a USA a invadir es simple. Dice que favoreció el derrocamiento de Sadam Husein por USA pero no la subsiguiente ocupación de Iraq a la que atribuye todos los desastres que siguieron. No es un argumento que caiga muy bien en Washington o Londres. En abril de 2004, una reunión en la Casa Blanca discutió un memorando elaborado por el Consejo Nacional de Seguridad intitulado “Marginando a Chalabi.”

Actuaron rápidamente. Mr. Chalabi fue acusado de estar demasiado cercano a los iraníes y de decir a su jefe de estación de inteligencia en Bagdad que USA había descifrado los códigos iraníes. Instruyeron al FBI para que investigara. Unos pocos días después, el 20 de mayo, fuerzas dirigidas por USA allanaron sus oficinas en Bagdad. Su fortuna se desvaneció. Después de las elecciones parlamentarias en diciembre de 2005 formó parte de la alianza chií que triunfó. Llegó a vice primer ministro. En la elección al final del año estuvo fuera de la alianza chií y no ganó un solo escaño.

Sentado en su jardín, Mr. Chalabi se muestra escéptico sobre el éxito del plan de seguridad para Bagdad. Dice que “hay menos asesinatos sectarios y sitios que se esperaba serían difíciles como Sadr City [el suburbio chií que alberga a dos millones de personas] no lo fueron.” Pero dice que el éxito ulterior sólo fue posible por negociaciones exitosas que llevaron el Ejército Mehdi, el principal cuerpo de milicia chií, a poner fin a su estado de alerta, gracias a la influencia de su líder, Muqtada al-Sadr, los iraníes y el Gran Ayatolá Ali al-Sistani. No piensa que el plan de USA y del ejército iraquí de sellar áreas, las así llamadas comunidades cerradas, vaya a funcionar. Señala que en un área comercial suní como al-Adhamiyah, la mayoría de la gente que trabaja allí vive fuera de la enclave. “En todo caso, es consagrar la división de la ciudad. No hay nada tan permanente como una solución temporal.”

Al mismo tiempo, dice firmemente que “los suníes han perdido la batalla por Bagdad. Fueron alentados a ir a la ofensiva por Estados árabes que no hicieron nada por ellos.” Identifica un factor en la debilidad de los suníes que es confirmado por los resultados en las elecciones. Son mucho menos numerosos en Bagdad de lo que habían supuesto. Alguien había hablado de Bagdad como dividida por partes iguales, pero Mr. Chalabi piensa que las proporciones en la capital son de un 80% chií y de un 20% suní.

Considera que el problema más inmediato en Bagdad es el retorno de la gente que ha sido expulsada de sus casas y de los detenidos. “Hay que hacer esfuerzos por hacerlos volver de otra manera la seguridad es reversible. La gente desplazada está muy encolerizada y quiere volver a casa.” Está tratando a través de comités populares que las mezquitas sean devueltas a su comunidad original.

Su opinión es diferente de la de numerosos funcionarios iraquíes y estadounidenses en la Zona Verde. No piensa que los sadristas, el movimiento Muqtada al-Sadr, se estén desintegrando: “Mucho de eso son ilusiones. Sus dirigentes locales cumplirán todos con lo que diga Muqtada al-Sadr." Un elemento crucial para terminar la guerra es hacer participar a los iraníes: “Un entendimiento a través del gobierno iraquí entre USA e Irán.”

No piensa que los famosos “parámetros” de Washington representen otra cosa que eslóganes en Iraq. La devolución de sus antiguos puestos a los servicios de seguridad de Sadam Husein es simplemente inaceptable. No agrega que los chiíes y los kurdos vetarán una idea semejante, pero es seguro que lo harán. Respecto a las amenazas de USA de retirarse dice que “muchos iraquíes me preguntan si es una promesa o una amenaza” pero quiere un acuerdo sobre los límites de la autoridad de las fuerzas multinacionales, esencialmente los estadounidenses y los británicos.

En esta situación, Mr. Chalabi considera una retirada de USA como algo que se haría en función de la política de USA y no por lo que ocurra en Iraq. Esencialmente ve que USA y Gran Bretaña han cometido sin quererlo un acto revolucionario en Oriente Próximo al derrocar a Sadam Husein. “USA descubrió que había desmantelado la piedra angular del orden de seguridad árabe.”

USA y Gran Bretaña han estado tratando desde entonces de llenar el vacío dejado por la caída del partido Baaz. Querían “impedir el control chií y limitar la influencia iraní en Iraq y en esto no han tenido éxito.” Y por eso se irán.

Su influencia sobre Bush

Ahmed Chalabi fue uno de los personajes clave en la preparación de la invasión de Iraq como un destacado exiliado iraquí en Washington, donde cabildeó ante el gobierno de USA para derrocar a Sadam Husein. Suministró inteligencia de exiliados y disidentes iraquíes a sus patrocinadores en el Pentágono y en la Casa Blanca – y al New York Times – sobre el presunto arsenal de armas de destrucción masiva de Sadam Husein que después resultó ser poco fidedigna. También fue acusado de trabajar para la inteligencia iraní. Respaldado por el Pentágono como futuro líder de Iraq, volvió a casa después de la invasión de 2003 a la cabeza de una pequeña fuerza combatiente con la esperanza de edificar su legitimidad política.

A comienzos de los años noventa, su Congreso Nacional Iraquí fue financiado por la CIA que subsiguientemente se distanció de él después del fracaso de un levantamiento en Iraq kurdo. Chalabi también fue condenado en ausencia por una tribunal jordano de malversación, robo, falsificación y especulación monetaria por el colapso de su banco privado Petra Bank, y sentenciado a 22 años en prisión. Siempre ha defendido su inocencia.

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Patrick Cockburn es autor de “The Occupation: War, resistance and daily life in Iraq”,

finalista en el premio del National Book Critics' Circle para el mejor libro de no-ficción de 2006.

http://www.counterpunch.org/patrick05162007.html

Matanzas, asesinatos y atrocidades por parte de los ocupantes

La violencia contra los civiles es sistemática, consecuencia de normas de actuación permisivas
Matanzas, asesinatos y atrocidades por parte de los ocupantes

Global Policy Forum/IraqSolidaridad

“Llegamos y matamos a aquellas gentes [...]. Para mí el éxito radica en continuar matando al enemigo.” Andrew del Gaudio, capitán del Cuerpo de Marines estadounidense [1]

Los mandos de la Coalición [de tropas de ocupación dirigida por EEUU] establecieron para la campaña contra la resistencia unas “normas de actuación” muy permisivas para asegurar un uso rápido e inmediato de la fuerza y reducir al mínimo las bajas propias. Esas normas permiten a los soldados abrir fuego sin vacilar o sin restricciones en los controles militares de carreteras y calles, durante los registros de viviendas y demás operaciones. Durante las operaciones militares, los mandos [militares] consideran los asesinatos de civiles iraquíes hechos lamentables pero inevitables “daños colaterales”. Este clima de extremada violencia ha ocasionado un creciente número de matanzas, asesinatos y atrocidades cometidas contra los civiles iraquíes por las fuerzas de ocupación.

“Normas de actuación”

Las normas de actuación, redactadas por los altos mandos militares, establecen cuándo, dónde y cómo el personal militar puede “usar la fuerza”. Las normas de actuación pueden variar de una operación, o misión, a otra [2]. Aunque [las normas] las fijan los mandos [miliares] sobre el terreno, por lo general precisan de la aprobación de los niveles superiores [de la cadena de mando], entre ellos la de los dirigentes [políticos] civiles. En general, a pesar de que las normas de actuación determinan cuándo está permitido disparar, a veces incluso contra civiles, la decisión final de disparar queda a juicio de los soldados [desplegados] sobre el terreno, que están influidos por la incertidumbre, la tensión, el miedo, el odio y, en ocasiones, la inexperiencia.

A la vista del gran número de víctimas civiles [3], las normas de actuación en Iraq han sido objeto de muchas críticas. Organizaciones como Human Rights Watch [4], American Civil Liberties Union [5] y Amnistía Internacional [6], han pedido que las normas se hagan públicas, pero éstas son casi siempre documentos secretos o únicamente de distribución limitada. En mayo de 2005, Lawrence Di Rita, portavoz del Pentágono, preguntado en una conferencia de prensa sobre lo ocurrido en Faluya en un suceso en el que un marine estadounidense disparó contra un iraquí de la resistencia herido, contestó: “[…] No discutimos las normas de actuación […] pero [los soldados] tienen derecho a la autodefensa en cualquier momento, y esa es una norma de actuación lógica” [7].

A pesar de reconocer el clima hostil en el que las fuerzas de la Coalición tienen que actuar, Human Rights Watch señala que ello “[…] no exime al ejército de su obligación de usar la fuerza de forma moderada, proporcionada y selectiva, y sólo cuando sea estrictamente necesario” [8]. Las pruebas indican que las fuerzas estadounidenses actúan bajo unas normas permisivas y que en la práctica existe aún mayor permisividad en la aplicación de las normas por parte de los mandos militares locales y de las propias tropas. La “contabilidad de los asesinatos” y otros eslóganes de los mandos militares promueven la competencia entre los soldados para coleccionar “matanzas de enemigos” y aparentemente parecen haber provocado unas pautas de contención muy bajas [9]. La consecuencia ha sido una rápida “escalada [del uso] de la fuerza” por parte de los soldados en diversas circunstancias, lo que ha ocasionado un gran número de víctimas civiles.

Controles de carreteras y puestos militares

Desde el mismo inicio de la ocupación, en los puestos militares de control han ocurrido excesivas e innecesarias muertes [10]. Se han producido víctimas civiles incluso en puestos de control permanentes y bien señalizados. Pero los controles más peligrosos son aquellos situados en lugares que a los conductores les resultan difíciles de ver con antelación: colocados temporalmente y sin previo aviso, en lugares inesperados, por la noche, con mal tiempo, o en carreteras de curvas con poca visibilidad. La combinación de estos factores puede ser especialmente letal. Los civiles que se acercan no ven el puesto de control y se dan cuenta [del control] únicamente cuando se encuentran bajo una lluvia de balas o de disparos de armas pesadas. Los soldados, por su parte, ven los vehículos que se aproximan como una amenaza potencial y tienden a abrir fuego por sospechas aunque sean infundadas.

En general, los soldados afirman que apuntan para inutilizar el vehículo pero las cifras demuestran que a menudo disparan directamente contra el conductor y los ocupantes, a quienes (en general equivocadamente) toman por enemigos. Un ejemplo es el caso de Walid Fayay Mazban, que en agosto de 2003 iba con su familia en coche por Basora. Eran aproximadamente las ocho y media de la tarde y estaba muy oscuro porque no había electricidad. El vehículo giró en un cruce cercano a un puesto de control británico temporal. Los soldados, por temor a [lo que consideraron] un comportamiento sospechoso, le dieron el alto en inglés. Después de que el coche pasara, al no poder detenerse a tiempo, le dispararon varias veces por detrás. Walid Fayay Mazban no entendía inglés. Puede que incluso no oyera la orden. Murió por múltiples heridas de bala [11].

El caso de la periodista italiana Giuliana Sgrena puso de manifiesto ante la opinión pública la violencia de los controles militares. El 4 de marzo de 2005, una vez que los servicios de espionaje italianos hubieron negociado su liberación tras el secuestro, Sgrena se dirigía hacia el aeropuerto de Bagdad en un coche junto con un alto funcionario del espionaje italiano, Nicola Calpari. El conductor italiano, cuando estaba llegando al Aeropuerto [Internacional de Bagdad] avisó por teléfono a las autoridades militares estadounidenses. Pero, de repente, cuando el coche giró, los soldados estadounidenses situados en un control de carretera temporal abrieron fuego con ametralladoras de 50 mm, situadas en el techo de vehículos militares todo terreno [humvee]. Las balas hirieron a Sgrena y mataron a Calpari [12]. El hecho provocó grandes protestas en Italia, cuyo gobierno exigió una investigación en la que se descubrió que el puesto de control provisional se había colocado porque el embajador estadounidense, John Negroponte, estaba cenando con el general estadounidense George Casey, comandante de las fuerzas de EEUU [en Iraq], en algún lugar de los alrededores [13]. Las autoridades estadounidenses pidieron perdón, pero responsabilizaron a los italianos por conducir deprisa, no detenerse y no facilitar información suficiente sobre su ruta [14]. Los italianos afirmaron que no iban a más de 40 kilómetros por hora, que no vieron el puesto de control hasta que fue demasiado tarde, y que habían mantenido a las autoridades [estadounidenses] totalmente informadas [15]. Aunque no se siguió ninguno de los procedimientos de indicación de controles en la carretera, los mandos militares estadounidenses eximieron de responsabilidad a los soldados implicados. El suceso tuvo una gran cobertura en la prensa y durante semanas se produjeron duras críticas.

Otros periodistas y trabajadores de los medios de comunicación han resultado heridos o asesinados en sucesos [acaecidos] en puestos de control. Human Rights Watch emitió una declaración muy crítica sobre los disparos realizado desde los puestos de control, en la que manifestaba que muchos civiles iraquíes habían muerto innecesariamente debido a que las fuerzas de la Coalición no habían tomado las mínimas precauciones [16]. Organizaciones de Derechos Humanos han exigido a los mandos militares que reduzcan esos asesinatos colocando señales de advertencia a una cierta distancia del puesto de control: carteles destacados en árabe, barreras físicas tales como bandas sonoras, conos de goma, señales luminosas y líneas en la carretera, para obligar a los vehículos a reducir la velocidad [17].

Expertos en Derechos Humanos han señalado que los disparos de advertencia son ineficaces y peligrosos porque a veces se confunden con fuego hostil lo que induce a los conductores a acelerar. El mando militar estadounidense ha adoptado muchas de las sugerencias para mejorar los procedimientos, pero estas se aplican rara vez sobre el terreno [18]. Las matanzas en los puestos de control han continuado y la prensa ha dado cuenta de muchos de los casos [19].

Registro de viviendas

Las fuerzas de la Coalición estadounidense llevan a cabo de forma rutinaria registros de casas a la búsqueda combatientes de la resistencia y de escondrijos de armas. Por lo general, hacen gala de unos métodos desproporcionadamente violentos para allanar las viviendas, tales como descerrajar las puertas a tiros, colocar una bomba o una granada de mano en el exterior de la puerta y echar abajo la fachada con vehículos militares [20].

Durante los dos primeros meses de la Operación Juntos hacia adelante (Together Forward) [nuevo plan de seguridad para Bagdad iniciado en febrero de 2007], las fuerzas estadounidenses e iraquíes causaron desperfectos en Bagdad en “[…] más de 1.100 puertas, 35 ventanas y 1.350 cerraduras” [21]. Los registros que se producen tras la irrupción en la vivienda son muy inflexibles y las órdenes probablemente se gritan en inglés, por lo que los miembros de la familia no las entienden. Los soldados seguramente siguen un procedimiento conocido como “preparar la habitación”, que consiste en lanzar una granada de mano en una habitación antes del registro o en lanzar una ráfaga de disparos [22]. Con métodos semejantes han asesinado a muchos civiles, incluidos mujeres y niños [23]. En Hadiza, dos registros de viviendas ocasionaron la muerte de 15 civiles [24]. A veces, las tropas consideran una casa simplemente como una “zona de ataque libre” y los mandos dan órdenes de “[…] disparar primero y preguntar después” [25].

Patrullas

Por norma general, durante las patrullas, las fuerzas de la Coalición disparan contra iraquíes inocentes por miedo a que pudieran ser resistentes. Según [afirma] un testigo iraquí en una entrevista de la BBC, las patrullas estadounidenses han disparado y asesinado a muchos civiles accidentalmente [26]. Citando varios casos acaecidos en la provincia de al-Anbar, este hombre denunciaba que “[…] el año pasado habían muerto cerca de 100 personas por esta causa” [27]. De acuerdo con las estimaciones de la policía iraquí de Bagdad entre el 1 de mayo y el 12 de julio de 2005, sólo en la capital, las fuerzas estadounidenses asesinaron a 33 civiles desarmados e hirieron a otros 45 [28].

Sometidos al miedo constante de caer en una emboscada, los soldados se inclinan a disparar primero. Convoyes militares patrullan permanentemente las calles y cada uno lleva a un soldado dispuesto a utilizar su arma desde el techo del todo terreno militar [humvee] en el caso de que un coche se acerque a menos de 100 metros. En junio de 2005, Salah Jmor llegó a Bagdad con su hermano para visitar a su familia. Mientras conducía, no vio un convoy militar estadounidense que se incorporaba a la autopista. De pronto, se desplomó tras recibir un disparo en la cabeza. Su hermano afirma que no había señales para disminuir la velocidad y que no escucharon ningún disparo de advertencia [29]. Este tipo de hechos no son raros en Iraq. Los iraquíes se quejan de que normalmente no entienden los carteles o no los ven hasta que es demasiado tarde y los disparos ya han empezado.

Durante las patrullas nocturnas rutinarias, los soldados están mucho más nerviosos por los posibles coches bomba o las bombas en la carretera. Tras el toque de queda, paran a todos los vehículos gritándoles en inglés y disparando salvas de advertencia, pero con frecuencia los conductores no los ven en la oscuridad y no entienden sus advertencias, en el caso de que las oigan. Si los coches no se detienen, las tropas lanzan ráfagas de balas que por lo general hieren al conductor y a los ocupantes. En enero de 2005, en un caso espantoso documentado por un periodista gráfico, Chris Hondros, durante una patrulla rutinaria soldados estadounidenses a pie dispararon contra un coche que se acercaba y en el que iba una familia iraquí. Uno de ellos gritó “¡Parad ese coche!”, al mismo tiempo que otro soldado lanzaba disparos de aviso. Pero el coche no paró de inmediato. Un segundo después, ráfagas de balas acribillaron el coche hasta que se detuvo: del interior salieron seis niños pero los padres estaban muertos [ver foto] [30].

Andar por la noche no es más seguro que conducir. En un caso documentado por Amnistía Internacional, tras oír disparos por la noche dos hombres salieron de su casa, en al-Majdiye, para saber lo que estaba ocurriendo. Pocos minutos después, ambos estaban muertos: una patrulla británica los había disparado por error. Uno de ellos fue alcanzado por siete balas en el pecho y en el estómago. El otro recibió cinco impactos: en el brazo derecho, en la pierna derecha, en el pecho y en las zonas inferiores del cuerpo. “[…] Lo siento, ha habido un error, le pido perdón”, dijo un soldado al padre de uno de ellos. “[…] Estaba oscuro, un compañero se apresuró. Lo siento” [31].

Soldados del Cuerpo de Marines durante un registro de una casa en Ramadi

Ataques aéreos

EEUU recurre cada vez más a los ataques aéreos contra la resistencia en Iraq para reducir [el número de] bajas estadounidenses y disminuir los riesgos de las operaciones en tierra. Según cifras del ejército [estadounidense], en 2005 el número de ataques aéreos aumentó de 25 en enero a 120 en noviembre [32]. Aunque las fuerzas aéreas estadounidenses afirman que operan con munición sofisticada, dirigida con precisión para evitar víctimas civiles, muchos inocentes han muerto en los barrios durante las operaciones aéreas.

En noviembre de 2005, la Coalición llevó a cabo una ofensiva aérea en la provincia de al-Anbar. EEUU no contabilizó las víctimas civiles pero el diario The Washington Post informó de que según testigos presenciales y médicos, muchos civiles, entre ellos niños, fueron asesinados [33]. En el mismo mes, las fuerzas aéreas de la Coalición realizaron un ataque aéreo contra “[…] dos casas refugio de terroristas de Al Qaeda” en al-Qaim. Aunque el ejército aseguró haber actuado basándose en múltiples informaciones del servicio de espionaje, la Red Regional Integrada de Información de NNUU [IRIN, en sus siglas en inglés] dio a conocer que “[…] habían asesinado a docenas de civiles, incluidos mujeres y niños” [34]. En enero de 2006, aviones de guerra estadounidenses tomaron como objetivo una granja en Baiji, en la que asesinaron mientras dormían a nueve personas inocentes de una familia, incluidos mujeres y niños [35].

A pesar del gran número de civiles asesinados durante las operaciones aéreas, el ejército estadounidense no contabiliza los civiles muertos a consecuencia de sus ataques, y afirma que “[…] a menudo, en las zonas peligrosas no se pueden realizar las investigaciones sobre las muertes ocasionadas por cada uno de los ataques” [36].

Homicidios y asesinatos vergonzosos

A veces los soldados estadounidenses cometieron asesinatos premeditados contra civiles iraquíes en situaciones no conflictivas. Sin duda, muchos de esos asesinatos pasan inadvertidos porque se atribuyen a “comportamientos amenazadores” que los asesinos imputan supuestamente a las víctimas. Aún así, ciertos casos han salido a la luz.

Hadiza. El caso de Hadiza es el más infame y el que mejor se ha dado a conocer. El 19 de noviembre de 2005, un escuadrón de marines estadounidenses arrasó la ciudad tras la muerte de uno de sus compañeros en la explosión de una bomba de carretera. Primero, el jefe del escuadrón asesinó a cinco jóvenes desarmados que llegaron al lugar de los hechos en un taxi [37]. A continuación, los marines asaltaron las viviendas cercanas, disparando al azar y asesinando a civiles, incluidos mujeres y niños [38]. En los hechos 24 iraquíes fueron asesinados, entre los cuales había diez mujeres y niños y un anciano en silla de ruedas [39]. Los marines implicados declararon que se vieron envueltos en un ataque organizado de la resistencia y sus abogados alegaron que sus actos supusieron “[…] un uso justificado de la fuerza letal” [40]. Pero pruebas veraces indican que todos los civiles iba desarmados y que los marines dispararon contra los iraquíes a sangre fría; después intentaron eliminar las pruebas que los delataban, entre ellas el diario de incidencias del cuartel general y un vídeo grabado desde un avión no tripulado que mostraba el suceso [41]. Al igual que en Abú Ghraib, al principio los funcionarios estadounidenses describieron la masacre de Hadiza como un caso aislado de mala conducta. Pero el hecho dio lugar a otras revelaciones sobre atrocidades, demostrando que formaban parte de un modelo de extrema e incontrolada violencia que estaba mucho más extendido entre los soldados estadounidenses de la Coalición de lo que con anterioridad se había reconocido.

Mahmudiya. Esta otra masacre tuvo lugar el 12 de marzo de 2006. Cuatro soldados de un control militar [situado] al sur de Bagdad bebieron más de la cuenta, se vistieron de civiles con ropa oscura y se dirigieron a una casa iraquí cercana habitada por la familia al-Janabi. Dejaron a un soldado fuera para vigilar la puerta y los otros entraron y asesinaron a los padres y a su hija de cinco años. A continuación, dos de los soldados violaron a Abir Qasim al-Janabi, una niña iraquí de 14 años, y después la asesinaron. El cuerpo de la niña se encontró desnudo y parcialmente quemado, evidentemente para destruir las pruebas [42]. Según una declaración jurada del FBI archivada en el sumario, una semana antes del ataque los soldados habían hecho intentonas con la muchacha [43]. Uno de los casos, el del [soldado] especialista James Barker, ya ha sido sentenciado; el acusado se declaró culpable y ha sido condenado a 90 años de cárcel. Barker declaró ante el tribunal:

“[…] Para vivir allí, para sobrevivir en esas circunstancias, me convertí en un violento y en un miserable. Quería a mis amigos, a mis compañeros y a mis jefes pero empecé a odiar a todo el mundo en Iraq.” [44]

Ishaqi. Este suceso se produjo el 15 de marzo de 2006. Marines estadounidenses atacaron una granja situada a escasos 13 kilómetros al norte de la ciudad de Balad, evidentemente porque había información de que allí se encontraba un miembro de la resistencia. Helicópteros de combate dispararon contra la casa para apoyar a los [soldados] atacantes. Algunas informaciones afirman que se respondió con fuego desde la vivienda, la cual fue finalmente tomada por las fuerzas estadounidenses. Según un informe del Centro de Coordinación Conjunta de la policía iraquí, basado en un informe archivado tras una investigación de la policía local, las fuerzas estadounidenses entraron en la casa, “[…] reunieron a los miembros de la familia en una habitación y ejecutaron a 11 personas: cinco niños, cuatro mujeres y dos hombres. Seguidamente bombardearon la vivienda, quemaron tres vehículos y mataron a los animales” [45]. Entre los muertos se encontraba una anciana de 75 años y un niño de seis meses.

Hamdaniya. Se trata [de un suceso] igualmente espantoso. Al parecer, el 26 de abril de 2006, un grupo de siete marines estadounidenses y un soldado de la Marina sacaron de su casa a Hashim Ibrahim Awad, un inocente iraquí, minusválido y desarmado; le ataron de pies y manos y le dispararon a bocajarro repetidamente [46]. El grupo había caído en una emboscada y al no encontrar al culpable decidieron asesinar a cualquier iraquí en su lugar [47]. Entraron en casa de Awad, le sacaron a rastras, le dispararon una y otra vez en la cabeza y en el pecho, y a continuación prepararon el escenario del crimen para que pareciera que Awad era miembro de la resistencia. El 21 de junio de 2006, los investigadores los acusaron de asesinato premeditado, secuestro, conspiración y falso testimonio. Uno de los participantes [en el asesinato], el suboficial Nelson Bacos, que en la vista previa testificó contra los otros [compañeros], afirmó que “[…] no creí que pudieran llevar a cabo un plan semejante [...] no había justificación [...] sabía que lo que estábamos haciendo estaba mal” [48].

Lo mandos militares y los tribunales se han referido constantemente a [la masacre de] Hadiza y a otras masacres, como casos aislados, pero el gran número de sucesos de este tipo indica que las atrocidades son sistemáticas, consecuencia de unas normas de actuación permisivas y de la extendida actitud de excesiva violencia, a menudo perdonada por los mandos.

Encubrimiento de delitos

En la mayoría de los casos de delitos graves y asesinato, los soldados directamente implicados han intentado encubrir los crímenes y, con frecuencia, los mandos militares han hecho caso omiso de las pruebas, no han perseguido con firmeza ni siquiera los actos más graves y han realizado declaraciones públicas exculpatorias.

Sobre los sucesos de Hadiza, el Cuerpo de Marines emitió al día siguiente una nota de prensa afirmando que muchos de los iraquíes asesinados habían muerto a consecuencia de la explosión de una bomba de la resistencia, una versión rechazada por testigos presenciales. A pesar de las muchas víctimas iraquíes, el comandante de la compañía no inspeccionó el lugar, y prefirió fiarse del informe de los soldados implicados. Posteriormente, los investigadores averiguaron que faltaban páginas del diario de incidencias, donde se recogen los principales sucesos, y que una cinta de video grabada desde un avión no tripulado había desaparecido, lo que indicaba que los autores de los hechos, o sus cómplices, habían destruido u ocultado pruebas [59]. Asimismo, parece que los implicados en los hechos realizaron declaraciones falsas ante los investigadores y el video volvió a aparecer pero no se entregó a los investigadores hasta que el informe principal estuvo redactado por un general de alto rango [50]. Una investigación posterior de la Marina concluyó que “[…] algunos oficiales dieron información falsa a sus superiores” en el seguimiento inicial del caso [51]. En un informe ulterior, Eldon A. Bargewell, general de División estableció “[...] negligencia voluntaria” e “[...] intentos de ocultación de conducta criminal” entre los oficiales de la Marina. “[...] Demostraron determinación para ignorar los indicios de graves actuaciones, quizás para evitar llevar a cabo una investigación que podría ir contra ellos mismos o contra los marines[52], concluye.

De la misma manera que en Mahmudiya, donde los soldados intentaron ocultar las pruebas de la violación y el asesinato de la adolescente y de su familia [53], o en Hamdaniya, donde los soldados pusieron un rifle automático AK-47 cerca del hombre que habían asesinado para inducir a pensar que era miembro de la resistencia [54], los implicados en los asesinatos de Ishaqi pidieron apoyo aéreo para volar la casa. Al parecer, esperaban que el crimen se esfumara entre los escombros [55]. En un primer momento, el mando militar estadounidense exoneró a los soldados al afirmar que los tres civiles murieron a causa del fuego cruzado en una operación militar y, asimismo, como consecuencia del desplome de la vivienda producido durante el combate. Las muertes de civiles fueron calificadas de accidentales, y se dijo que las fuerzas estadounidenses implicadas en los hechos “[…] habían seguido las normas de actuación” [56]. Pero tras las continuadas quejas de los vecinos y de los dirigentes locales, que aseguraban que los soldados habían entrado en la vivienda cuando todavía estaba en pie, la policía iraquí, inesperadamente, abrió una investigación que encargó a un equipo de investigación criminal entrenado por EEUU, el cual literalmente sacó a la luz los hechos sucedidos en la casa derruida [57]. Después de examinar los cuerpos, [que estaban] con las manos atadas, todos en una habitación con impactos de balas en la cabeza —al estilo de las ejecuciones—, y con los cartuchos disparados a su alrededor, la investigación llegó a la conclusión de que las personas fueron asesinadas a sangre fría. Entre los escombros se encontraron 11 cuerpos, no tres [58]. Las autopsias realizadas en el hospital de Tikrit confirmaron que todas las víctimas tenían heridas de bala en la cabeza [59]. La BBC ha emitido el vídeo de un cámara de Associated Press, grabado posteriormente en el lugar de los hechos, y que la BBC considera que ofrece pruebas sólidas de la atrocidad [60]. No obstante, los militares estadounidenses se han negado a promover la acusación o a investigar más.

También en el caso de la muerte de Nicola Calipari, agente del espionaje italiano, un informe del gobierno italiano publicado el 3 de mayo de 2005 criticaba el que hubieran desparecido las pruebas del tiroteo. El lugar de los hechos no se preservó para la investigación y el parte de incidencias de la unidad militar del día de autos se destruyó con posterioridad. Como mínimo supone un procedimiento negligente y, en el peor de los casos, de obstrucción a la justicia y de encubrimiento de un crimen [61].

Las autoridades militares estadounidenses, avergonzadas ante la revelación de las atrocidades, han preferido respaldar la versión oficial de los hechos al insistir en que las víctimas murieron por daños colaterales consecuencia de las operaciones militares. Tales encubrimientos han dejado algunos sucesos completamente al margen de la opinión pública y [las autoridades estadounidenses] han hecho caso omiso de la rotundidad de las pruebas contra los autores de los crímenes; han contribuido al archivo de casos y a que las sentencias que se dictan sean, por lo general, muy benévolas.

Impunidad

Únicamente en contadas ocasiones la justicia militar ha actuado para castigar los casos de asesinato y de atrocidades. La mayoría de los sucesos nunca han llegado a convertirse en acusaciones oficiales. Con frecuencia, en aquellos hechos en los que se ha presentado una acusación, los culpables han resultado o bien absueltos en el tribunal administrativo preliminar o en la fase posterior del consejo de guerra, o bien los casos se han solventado en cualquiera de las fases de las diligencias con simples amonestaciones o penas suaves. Muy pocas acusaciones han incluido el asesinato premeditado, y ello en casos tan significativos como el de Hadiza.

El pasado mes de agosto, el diario The The Washington Post llevó a cabo una revisión sustancial de los sucesos [que implicaban a] militares durante el periodo entre junio de 2003 y febrero de 2006. El informe de [The Washington] Post revela que de los miles de iraquíes asesinados por soldados estadounidenses en circunstancias dudosas, la justicia militar sólo ha investigado “[…] una pequeña parte de los sucesos” [62]. De los disparos realizados desde los puestos de control no se ha derivado ninguna acusación de homicidio y se ha procesado a muy pocos oficiales de alta graduación.

Los mandos militares —a quienes corresponde la decisión primera de poner en marcha una investigación penal contra sus subordinados— con frecuencia no han investigado la muerte de civiles iraquíes. En su lugar, han preferido considerarlas consecuencias accidentales de las operaciones de combate y han impuesto castigos administrativos o no judiciales. “[...] Creo que existen una serie de casos que nunca han llegado a la fase de investigación, y en algunos casos que sí han llegado a esa fase, ha habido reticencias para continuar [la investigación] con firmeza”, afirma Gary Solis, ex fiscal [del Cuerpo] de Marines. “[...] En Iraq se han producido menos procesos judiciales de los que se podría esperar” [63]. Un comandante del Ejército, citado por The Washington Post coincidía:

“[...] Estoy absolutamente convencido de que ha habido muchas otras actuaciones que deberían haberse investigado, pero nadie quería enterarse de lo ocurrido o informar a la superioridad (...) Así han funcionado las cosas.”[64]

Críticas

El asesinato de civiles a manos de soldados estadounidenses ha provocado cólera y escándalo entre la población iraquí y ha dado lugar a duras declaraciones por parte de responsables iraquíes. Preguntado sobre los sucesos de Hadiza, el primer ministro Nuri al-Maliki los definió como “[…] totalmente inaceptables” y calificó la violencia estadounidense contra civiles de “[…] fenómeno cotidiano” en Iraq. Dijo sin rodeos que los soldados estadounidenses de la Coalición “[...] no respetan al pueblo iraquí [65]. Tras hacerse público que una investigación estadounidense había exonerado de culpa a los soldados implicados en los sucesos de Ishaqi, el gobierno iraquí reaccionó con firmeza. Adnan al-Kazimi, asesor del primer ministro al-Maliki, declaró que el gobierno exigiría que EEUU pidiera perdón y compensara a las víctimas de varios sucesos [65].

El escaso número de condenas ha impulsado al gobierno iraquí a cuestionar la inmunidad concedida a los miembros de las fuerzas de la Coalición desde junio de 2004. Al-Maliki ha manifestado públicamente que consideraba que la inmunidad ante los tribunales iraquíes “[...] animó a los soldados a cometer crímenes a sangre fría” [66]. Wigdan Michael, ministro iraquí de Derechos Humanos, coincide en que el hecho de que EEUU no haya responsabilizado a los soldados por sus crímenes ha propiciado un clima de impunidad entre las tropas. “[...] Una de las razones de esto es la resolución de NNUU, que concede inmunidad a los soldados de las fuerzas multinacionales. Si no hay castigo, se producen las violaciones […]” [68]. Michael además planteó la posibilidad de que Iraq solicitara la revisión de la inmunidad de las fuerzas multinacionales ante el Consejo de Seguridad de NNUU [69].

Conclusión

EEUU y sus aliados afirman que hacen todo lo que está en sus manos para evitar víctimas civiles. Sin embargo, existe mucha información sobre tropas de la Coalición que abren fuego y asesinan a civiles iraquíes en circunstancias en las que ni para las tropas de la Coalición ni para nadie más había una inminente amenaza de muerte o de resultar heridos, lo que supone una clara violación de las pautas internacionales sobre derechos humanos relativas al uso de la fuerza. En muchos casos de patrullajes, registros de casas y bombardeos sin tregua, el personal militar ha utilizado una fuerza letal en circunstancias absolutamente injustificadas. Los estudios sobre la mortalidad de civiles en Iraq indican que desde que se inició la ocupación han asesinado de esta manera a decenas de miles de iraquíes inocentes [70].

Los asesinatos y las atrocidades constituyen la forma extrema de la brutal violencia diaria. En Iraq, donde las fuerzas de la Coalición consideran a cada hombre en edad militar un miembro potencial de la resistencia, y donde el miedo y la cólera influyen en el comportamiento de las tropas, es muy probable que ocurran sucesos como la masacre de Hadiza. Según Eldon A. Bargewell, general de Brigada, “[...] toda la cadena de mando suele considerar las bajas de civiles, incluso cuando el número es elevado, como cotidianas y el resultado natural y buscado de las tácticas de la resistencia”. “[...] Las declaraciones hechas por la cadena de mando (...) tomadas en su conjunto indican que las vidas de los civiles no son tan importantes como las vidas de los estadounidenses; sus muertes son simplemente el coste de las acciones, y los marines tienen que ‘terminarn el trabajo’ no importa lo que ello suponga”, concluye [71].

Este ambiente de extremada violencia e impunidad prepara el terreno para el asesinato, las violaciones y las atrocidades. Estas actuaciones están prohibidas por las Convenciones de La Haya y de Ginebra y constituyen graves crímenes de guerra.

Notas de los autores y de IraqSolidaridad:

1. Citado en Dexter Filkins, “In Ramadi, Fetid Quarters and Unrelenting Battles”, The New York Times, 5 de julio de 2006. 2. Operational Law Handbook, Capítulo 5, publicado por Judge Advocate School of the Army. 3. Véase capítulo 5 de este informe (pendiente de traducción en IraqSolidaridad). Véase en IraqSolidaridad: Nota informativa de la CEOSI: Nuevo informe de las universidades Johns Hopkins de EEUU y al-Mustansiriya de Bagdad 4. Human Rights Watch, Hearts and Minds, octubre de 2003. 5. American Civil Liberties Union, ACLU to Seek Public Accountability in Haditha Investigations, 22 de junio de 2006. 6. Amnistía Internacional, Killing of Civilians in Basra and al-Amara, 14 de mayo de 2004. 7. Departamento de Defensa de EEUU. Trascripción de noticias, resúmenes habituales con Lawrence Di Rita, portavoz del Pentágono y el teniente general James T. Conway, director de operaciones del mando conjunto, 5 de mayo de 2005. 8. Human Rights Watch, Hearts and Minds, octubre de 2003. 9. Borzou Daragahi y Julian E. Barnes, “Officers Allegedly Pushed 'Kill Counts'”, Los Angeles Times, 3 de agosto de 2006. 10. Véase, por ejemplo, Human Rights Watch, Hearts and Minds, octubre de 2003; Human Rights Watch, US Checkpoints Continue to Kill, mayo de 2005 y “Joint Letter from Human Rights Watchand the Committee to Protect Journalists to Secretary Rumsfeld”, 17 de junio de 2005. 11. Amnistía Internacional, Killing of Civilians in Basra and al-Amara, 14 de mayo de 2004. 12. “Hostage Recounts US Shooting”, CNN, 6 de marzo de 2005. 13. Christopher Dickey, “Reality Checkpoints”, Newsweek, 11 de marzo de 2005. 14. Declassified US Report. 15. “Italy Disputes US Shooting Acount”, CNN, 8 de marzo de 2005. 16. “Joint Letter from Human Rights Watchand the Committee to Protect Journalists to Secretary Rumsfeld”, 17 de junio de 2005. 17. Human Rights Watch, Hearts and Minds, octubre de 2003. Véase también: Human Rights Watch, Iraq: Checkpoints Lack Basic Safety Measures, 17 de junio de 2005. 18. “Joint Letter from Human Rights Watch and the Committee to Protect Journalists to Secretary Rumsfeld”, 17 de junio de 2005. 19. Véase, por ejemplo, Hillary Brown, “Pregnant Iraqi Woman Shot near Security Checkpoint”, ABC News, 31 de mayo de 2006; Trudy Rubin, “Hidden Toll: Civilians Killed Accidentally”, Philadelphia Inquirer, 12 de julio de 2006. 20. Por ejemplo, véase OMS, Detailed Situation Report in Talafar, 19 de agosto de 2005. 21. Spc. Joshua Ramey, “Together Forward Restores Life to Ameriyah” Official MNF-I website, 20 de septiembre de 2006. 22. Gary Younge, “If Wanton Murder is essential to the US Campaign in Iraq, It’s Time to Leave”, The Guardian, 26 de junio de 2006. 23. Richard Whittle, “Rules of Engagement: What Were they at Haditha?”, Christian Science Monitor, 10 de octubre de 2006. 24. Gary Younge, op.cit. 25. Josh White, “Death in Haditha”, The Washington Post, 6 de enero de 2006. 26. “Iraqi Viewpoint: Iraqis Fear US Troops”, BBC, 1 de junio de 2006. 27. Ibid. 28. Richard Paddock, “Shots in the Heart of Baghdad”, Los Angeles Times, 25 de julio de 2005. 29. Ibid. 30. Chris Hondros, “A Shooting after Nightfall”, Newsday, 19 de enero de 2005. 31. Amnesty International, Killing of Civilians in Basra and al-Amara, 14 de mayo de 2004. 32. Ellen Knickmeyer y Salih Saif Aldin, “US Raid Kills Family North of Baghdad”, The Washington Post, 4 de enero de 2006. Véase en IraqSolidaridad: Nota informativa de la CEOSI: Tras Samarra, Tal Afar, Siniya y Mosul, es la quinta ciudad iraquí asediada por muros por las fuerzas de ocupación 33. Ellen Knickmeyer, “US Airstrikes Take Toll on Civilians”, The Washington Post, 24 de diciembre de 2005. 34. “Civilians Killed Near al-Qaim in Air Strike, Doctors Say”, UN Integrated Regional Information Networks, 1 de noviembre de 2005. 35. Richard A. Oppel Jr. y Omar Al-Neami, “US Strike on Home Kills 9 in Family, Iraqi Officials Say”, The New York Times, 4 de enero de 2006. 36. Ellen Knickmeyer y Salih Saif Aldin, “US Raid Kills Family North of Baghdad”, The Washington Post, 4 de enero de 2006. 37. Josh White, “Death in Haditha”, The Washington Post, 6 de enero de 2006. Véase en IraqSolidaridad: Tim McGirk: Matanza en Hadiza. El pasado 19 de noviembre los 'marines' asesinaron a 15 civiles en Hadiza 38. Ibid. 39. Richard Engel, “What Happened in Haditha” NBC News, 30 de mayo de 2006. 40. David S. Cloud, “Marines Have Excised Evidence on 24 Iraqi Deaths”, The New York Times, 18 de agosto de 2006. 41. Ibid. 42. Tim Whitmire, “Ex-Soldier Charged with Rape, Murder”, Associated Press, 3 de julio de 2006. 43. Rick Jervis & Andrea Stone, “Four More Soldiers Accused of Rape, Murder in Iraq”, USAToday, 9 de julio de 2007. 44. Citado en “Iraq Rape Soldiers given Life Sentence”, The Guardian, 17 de noviembre de 2006. 45. Mathew Schofield, “Iraqi Policy Report Details Civilians’ Deaths and Hands of US Troops”, Knight Ridder Newspapers, McClatchy, 19 de marzo de 2006. Véase en IraqSolidaridad: Haifa Zangana: Matanza tras matanza La violencia sectaria permite a los ocupantes ocultar sus crímenes contra civiles 46. White, Josh, Sonya Geis. "8 Troops Charged In Death of Iraqi", The Washington Post, 22 de junio de 2006. 47. Carolyn Marshall, “Corpsman Who Failed to Halt Killing of Iraqi Receives Prison Sentence”, The New York Times, 7 de octubre de 2006. 48. Ibid. El 16 de noviembre de 2006, otro marine, John Jodka III, tras un acuerdo entre el fiscal y la defensa, fue declarado culpable de cargos menores y sentenciado a 18 meses de cárcel; véase: “Marine Sentenced Over Iraq Civilian Killing”, The Guardian, 16 de noviembre de 2006. 49. David S. Cloud, “Inquiry Suggests Marines Excised Files on Killings”, The New York Times, 18 de agosto de 2006. 50. Ibid. 51. Thomas E. Ricks, “Probe Into Iraq Deaths Finds False Reports”, The Washington Post, 1 de junio de 2006. 52. “‘Simple Failures’ and ‘Disastrous Results’: Excerpts from Army Maj. Gen. Eldon A. Bargewell's report”, The Washington Post, 21 de abril de 2007. 53. “US Military Trial Ordered in Iraq Murder Cases”, Reuters, 19 de octubre de 2006. 54. Sonya Geis, “Hearings Begin for Marines Accused of Killing Iraqi”, The Washington Post, 31 de agosto de 2006. 55. Mathew Schofield, “Iraqi Policy Report Details Civilians’ Deaths and Hands of US Troops”, Knight Ridder Newspapers, McClatchy, 19 de marzo de 2006. 56. Will Dunham, “Troops Cleared in Iraqi Deaths in Ishaqi” Reuters, 2 de junio de 2006. 57. Mathew Schofield, op.cit. 58. Ziad Khalaf, “Raid Kills 11, Mostly Women and Children”, Associated Press/Army Times, 15 de marzo de 2006. 59. Mathew Schofield, op.cit. 60. “New ‘Iraq Massacre’ Tape Emerges”, BBC, 2 de junio de 2006. 61. Fitzroy Sterling, “Still Seeking Answers in US Checkpoint Killing”, Inter Press Service, 24 de junio de 2006. 62. Josh White, Charles Lane y Julie Tate, “Homicide Charges Rare In Iraq War”, The Washington Post, 28 de agosto de 2006. 63. “Convictions in US Cases Rare in Iraq”, United Press International, 28 de agosto de 2006. 64. Citado en Josh White, Charles Lane y Julie Tate, “Homicide Charges Rare In Iraq War” The Washington Post, 28 de agosto de 2006. 65. Richard A. Oppel “Iraqi Assails US for Strikes on Civilians”, The New York Times, 2 de junio de 2006. 66. Brian Brady, “Furious Iraq Demands Apology as US Troops Are Cleared of Massacre”, Scotland on Suday, 4 de junio de 2006. 67. Citado en Aaron Glantz “GIs in Iraq Could Be Stripped of Immunity After Rape/ Murder Allegations”, OneWorld, 12 de julio de 2006. 68. Mariam Karouny, “Iraq to Ask UN to End US Immunity after Rape Case”, Reuters, 2 de julio de 2006. 69. Ibid. 70. Véase nota 3. 71. Citado en Josh White, “Report On Haditha Condemns Marines”, The Washington Post, 21 de abril de 2007.

lobal Policy Forum (www.globalpolicy.org), marzo de 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 21 de mayo de 2007
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Felisa Sastre

“No llevarán a juicio a Tareq Aziz: lo dejarán morir bajo arresto”

Entrevista a Badie Aref Izzat, abogado de Tareq Aziz
“No llevarán a juicio a Tareq Aziz: lo dejarán morir bajo arresto”

Dahr Jamail
Uruknet/IraqSolidaridad

Badie Aref Izzat es el abogado del ex-viceprimer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores iraquí, Tareq Aziz, y actualmente es el coordinador del equipo de abogados de la defensa en el juicio de al-Anfal, [relativo al] empleo de armas químicas [por parte del gobierno iraquí] contra los kurdos en Halabja en 1988. Hace poco, el ejército estadounidense lo sacó precipitadamente de Iraq después de que hubiera sido amenazado por el juez iraquí en el juicio por acusar a los iraníes, en vez de al régimen de Sadam Husein, de haber gaseado a los kurdos [1].

Izzat se licenció en la Universidad de Bagdad en 1963 y fue viceministro de Información de Iraq. Posteriormente, tras mantener desavenencias con el régimen de Iraq, abandonó el país en 1972 para dedicarse al ejercicio privado de su profesión. "[…] Consideraba que el ministerio de Información manifestaba los puntos de vista del Partido Baaz en vez de los del pueblo iraquí y por eso me fui. Debo decir que yo era miembro del Partido Baaz y abandoné el partido en 1969 porque no compartía los mismos puntos de vista sobre las principales cuestiones respecto a Iraq".

Dahr Jamail [P.]: ¿Por qué se encargó de defender a personas pertenecientes al régimen anterior? Badie Aref Izzat [R.]: ¿Por qué me encargué de defender a personas pertenecientes al régimen anterior? Si hubiera sido por un golpe de Estado o un cambio de régimen interno, probablemente no hubiera aceptado el trabajo. Seguramente no hubiera defendido los símbolos del régimen anterior. Sin embargo, este país fue invadido por una fuerza de ocupación, por un poder extranjero que no tenía derecho a hacerlo y creo que es mi deber defender a las personas que representan al régimen anterior.

De hecho, lo creo tan firmemente que actúo en nombre de 15 de los detenidos —probablemente yo tenga el mayor numero de representados—, y no voy a cobrar nada por mis servicios.

P.: ¿Qué le ha parecido trabajar en este juicio? R.: Para mí ha sido inquietante desde el principio. Cuando asistía a las sesiones preliminares me di cuenta de que el juez instructor empleaba más tiempo en las cuestiones políticas que en las legales y ello explica por qué yo empleé el mismo tiempo en las cuestiones políticas que en las cuestiones legales.

El problema empezó cuando inicié la defensa de Tareq Aziz, ex viceprimer ministro, ex ministro de Asuntos Exteriores y el cristiano de mayor rango en el [depuesto] gobierno y que, como es sabido, era partícipe de muchos secretos del régimen anterior. El hecho de que yo defienda a Tareq Aziz, así como a los demás, causó gran inquietud al actual gobierno. Por esta razón han tratado de callarme y de echarme.

Me encontraba en una situación doblemente peligrosa [2]. Mi vida estaba amenazada por las milicias, por los fanáticos religiosos en Iraq, y por quienes se oponían al régimen anterior. Y, al mismo tiempo, el tribunal intentaba librarse de mí puesto que yo era una de las personas que estaba exponiendo la falta de garantías del juicio ante el público en general, dentro y fuera de Iraq.

Las milicias atentaron tres veces contra mi vida. Quemaron mi despacho, secuestraron a algunos de mis hijos, asesinaron a uno de mis ayudantes. Creo que estas milicias están respaldadas por Irán. Tuve mucha ayuda para liberar a mis hijos secuestrados y conseguí ponerlos a salvo. Éste fue el peligro más directo e importante que padecí, el que amenazaran a mi familia, así que los saqué del país.

Desde un principio me di cuenta de que el tribunal intentaba destacar mis actividades, lo que hago y lo que no hago. Intentaba encasillarme para poder deshacerse de mí en el juicio; querían librarse de mí como miembro del equipo de la defensa.

P.: ¿Cuándo empezó a darse cuenta de que este tribunal era injusto? R.: El primer incidente tuvo lugar hace unos cinco o seis meses. Durante las sesiones me refería al fiscal como “mi docto hermano”. Esto provocó las iras del tribunal. El juez dijo que no debía llamarle “hermano”, sino "señor fiscal". Por este hecho el juez ordenó mi detención durante 24 horas.

Obviamente, esto causó mucha preocupación a los estadounidenses. Era bastante embarazoso para ellos, así que tras unas pocas horas en la cárcel me sacaron y me llevaron desde allí a una de las casas seguras en la Zona Verde. Los estadounidenses convencieron a los jueces de que debían liberarme porque sería una vergüenza, así que me pusieron en libertad.

Detención

P.: ¿Puede describir lo ocurrido recientemente y qué ha motivado que usted se encuentre hoy en Siria? R.: El otro suceso ocurrió hace unos quince días. Entré en la sala del tribunal y alcé la mano para pedir el turno de palabra. Varios abogados habían levantado la mano antes que yo, por lo que tenían prioridad, pero el juez me dio inmediatamente la palabra; creo que tenía razones concretas [para hacerlo]. Cuando un juez empieza a mirar hacia las galerías superiores —aisladas con cristales ahumados, de forma que no puede ver qué hay detrás— normalmente significa que hay altos cargos como [el primer ministro iraquí] al-Maliki u otros. Así que en cuanto levanté la mano, el juez miró hacia arriba. Me pareció que quería darme prioridad para poder mostrarles cómo me iba tratar o a penalizar. Desde donde está situado el juez instructor sí se puede ver a través de los cristales, pero desde donde estamos nosotros, los letrados, no.

Manifesté que este tribunal y el gobierno iraquí habían aceptado el argumento de que fue Iraq quien empleó armas químicas contra los kurdos durante la campaña de al-Anfal. Les dije que tenía pruebas en documentos y en CD que demostraban que fueron los iraníes, y no los iraquíes, quienes habían utilizado el cianuro, y que esta documentación procedía de los propios estadounidenses. En ese momento el juez perdió la calma y empezó a gritarme que a mi no me correspondía involucrar a Irán, y que Irán nunca había utilizado armas químicas. Señaló a la defensa y dijo: “[…] Son ellos quienes usaron las armas químicas contra los kurdos en Halabja". Estaba tan furioso y tan trastornado que me recordó lo que alguien me dijo el 1 de marzo, y supe que en aquel momento el juez estaba en Irán. Deduje que esto era lo que había provocado la enorme ira del juez.

Según el procedimiento judicial, un juez no puede tener contacto con una de las partes acusadas de crímenes. [El juez] viajó a Irán cuando, al menos para nosotros, este país está acusado de estos crímenes; el juez instructor fue el invitado de los iraníes. Conozco a las personas que lo vieron viajar de Iraq a Irán el 1 de marzo [de 2007].

Tras el incidente, el juez miró hacia arriba, hacia donde están los altos cargos y dijo: “[…] Recuerdo que hace unos meses usted acusó a este tribunal de ser un tribunal de asesinatos y no de justicia. Esto es un insulto al tribunal y según el artículo 232 del código penal, eso implica una pena de siete años de cárcel. Por lo tanto, en primer lugar, le voy a detener, después le voy a acusar y a encarcelar durante cuatro días”.

Entonces los hujieres y la policía me sacaron de la sala tribunal. Me esposaron y me privaron de ejercer como abogado de mi cliente, Farhan al-Jubouri, el ex-jefe de los Servicios de Inteligencia de la región oriental de Iraq.

Ésta medida tomada por el tribunal es extremadamente alarmante y peligrosa. El juez me acusó de algo que se supone que hice hace tres o cuatro meses fuera de la sala del tribunal. Abusa de su poder como juez al sacar a relucir este asunto y acusarme de ello en este momento, privándome del derecho a ejercer la defensa de mi cliente. Esto viola claramente todas las normas de los procedimientos en los juicios, es una violación de la legislación iraquí, una violación de todas las convenciones sobre procesos judiciales, de la justicia y de la imparcialidad. Estoy preocupado y sorprendido de que ninguno de los equipos de letrados, de derechos humanos o ningún gobierno hayan movido un dedo para refutarlo y dejarme solo.

P.: ¿Qué ocurrió después? R.: De inmediato, en ese mismo momento, aparecieron los soldados estadounidenses y me rodearon; los estadounidenses parecían extremadamente enfadados y preocupados por la actitud del juez, ya que todo eso estaba ocurriendo delante las cámaras, lo que indicaría que EEUU supervisa la justicia [iraquí]. Obviamente esto supone una bofetada para los estadounidenses, que constituyeron este tribunal y que dijeron a los iraquíes que gobernaría el imperio de la ley y la transparencia. Acabé el día como un abogado detenido, y esto es algo que nunca ocurrió con Sadam Husein.

Se produjo algún forcejeo y algunos empujones entre los iraquíes y los estadounidenses, quienes me detuvieron. A pesar de que estoy total y absolutamente en contra de la ocupación y continuaré estándolo, personalmente estoy muy agradecido al personal estadounidense que me salvó de ser asesinado por los iraquíes si me hubieran dejado en sus manos.

Ashton y el comandante Thompson supervisaron mi detención. Ambos fueron quienes iniciaron las negociaciones entre los soldados estadounidenses y las fuerzas iraquíes, y entiendo que esta negociación se produjo a un nivel mucho más alto, a nivel intergubernamental, incluso escuché que incluso al-Maliki estaba implicado en porque quería evitar un conflicto entre las fuerzas estadounidenses y el gobierno de Iraq.

Puede que yo tenga que comparecer ante el tribunal especial que se encarga del terrorismo en Iraq. De ocurrir esto, sé que me detendrán en Iraq junto con terroristas y, lo hemos visto antes, puede que uno de los presos me apuñale. Entonces dirán que existen diferencias políticas entre nosotros y encontrarán la excusa para encubrirlo. Alguien que pertenece al personal estadounidense, con quien tengo una relaciona cordial, me advirtió de ello. Dijeron que esto podría ocurrir si las cosas continuaban como hasta entonces.

Puede que fuera más realista suponer que las opiniones expresadas por los estadounidenses respecto a esta amenaza indicaban un punto de vista más personal que oficial. Pero de lo que estoy seguro es que ha habido muchas diferencias entre los gobiernos de Iraq y de EEUU respecto a mi detención. Considero que fueron el gobierno y el ejército estadounidense en Iraq quienes discutieron con gobierno iraquí.

P.: ¿Cómo lo trató el ejército estadounidense? R.: El comandante Thompson es el enlace entre la embajada de EEUU en Iraq y este tribunal. Ashton es miembro del mando [político] estadounidense en Iraq. Fueron extremadamente cordiales, respetuosos y amables, y trataron de hacer lo todo lo posible para que no me entregaran a los iraquíes. El compromiso al que llegaron en la sala del tribunal fue que me llevarían a una casa segura en la Zona Verde, una de las más seguras que utilizan los estadounidenses. Estaba al cargo de soldados ucranianos y de cuatro soldados iraquíes, en cuya custodia estaba de hecho, aunque realmente estaba bajo arresto estadounidense.

Pensaba que tenía que estar en esa casa durante los cuatro días. No era una cárcel y de momento era la mejor solución. Me cuidarían, la casa era cómoda y disponía de comodidades y buenas instalaciones. Durante los días que estuve allí, los iraquíes empezaron a hablarme en términos religiosos y fundamentalistas acerca de as-Sistani [ayatolá shií] y de los diferentes dirigentes religiosos, y discutimos un poco sobre eso. Después, cuando dije que quería ver las noticias en la televisión, pero ellos querían ver películas pornográficas, así que les espeté: “[…] ¿Qué fanatismo religioso profesan ustedes que al mismo tiempo están viendo esas películas?” Esto creó fricciones entre los guardias y yo. “[…] De hecho”, continué, “está bien, cada uno puede tener su religión, pero necesitamos un sistema laico para dirigir este país, no uno religioso”. Esto les disgustó mucho.

El segundo día estuve muy enfadado preguntándome por qué me habían detenido Estoy en mi propio país, haciendo mi trabajo, soy una persona respetuosa. Llegué a la conclusión de que me habían detenido sin razón alguna, así que me enojé mucho empecé y decidí empezar una huelga de hambre. Esta idea les preocupó mucho a los estadounidenses y tres veces al día me venía a ver un médico para vigilar mi salud; de hecho, tenía la mi presión sanguínea muy alta.

El segundo día también se produjo otro hecho. Los policías iraquíes recibieron algunas visitas y los estadounidenses se enfadaron mucho, muchísimo. Trajeron refuerzos, pusieron francotiradores en los tejados y después a los policías iraquíes les quitaron todos los teléfonos móviles diciendo que estaban llamando por teléfono a gente para que los vinieran a visitar. Yo les dije: “[…] No pasa nada, no se preocupen por eso”. Los estadounidenses me contestaron: “[…] No, están trayendo a personas que le van a matar”.

Después, los estadounidenses me dieron un poco más de libertad de manera que pude hacer un poco de ejercicio en el jardín de al lado de la casa.

El tercer día vino el comandante [Thompson] acompañado de fuerzas especiales estadounidenses y se quedaron en la casa durante toda la noche. Me dijeron que me preparara porque al día siguiente iba a ocurrir algo: “[…] Le vamos a proteger porque tenemos instrucciones de las autoridades superiores de protegerle ya que mañana ocurrirá algo”.

Salida para Siria

P.: Por favor, describa cómo le sacaron de Iraq R.: El cuarto día todos los soldados iraquíes estaban dormidos, algo bastante extraño. Los estadounidenses me despertaron y me sacaron de la casa, Me llevaron en un convoy de vehículos armados y de otro tipo hasta la zona en la que se suelen reunir los abogados de la defensa para entrar en la sala del tribunal. Me resultó extraño dejar dormidos en la casa a todos los soldados iraquíes que se suponía que me habían arrestado y que me estaban cuidando. No sé si los habrían drogado o algo así.

Me devolvieron los enseres personales que me habían quitado y me indicaron que no utilizara el móvil para llamar a nadie de fuera [de la Zona Verde]. Los estadounidenses dijeron que querían calmar la situación porque no querían que fuera a más.

Tampoco me permitieron ver a mis clientes que estaban detenidos en otro centro, el Campo Cropper [en el Aeropuerto Internacional de Bagdad]. Me sentía ofendido porque no podía verlos, así que decidí continuar la huelga de hambre. Mi salud empezaba a deteriorarse y los estadounidenses me controlaban de manera regular. Me dieron un informe médico sobre mi situación cardiaca en el que explícitamente me decían que fuera a Alemania a tratarme y que si no lo hacía de inmediato mi vida podía correr peligro.

Uno de los estadounidenses me preguntó si quería que me llevaran ante el juez para pedirle disculpas. Les pregunté: “[…] ¿Por qué? Son ellos quienes deben pedirme disculpas, no he hecho nada. No pediré disculpas a nadie por esto”.

Hace nueve días los estadounidenses me dijeron que habían hablado con el alto juez del tribunal que supuestamente iba a juzgarme por el acto terrorista. Los estadounidenses preguntaron que si me llevaban ante el tribunal para la investigación el juez les garantizaría que no me detendría, ni me juzgaría. Dijo que sí. Le pidieron que lo manifestara por escrito pero él se negó a hacerlo. Regresaron muy irritados porque no habían podido tener una confirmación por escrito. Después me dijeron que estuviera preparado y en estado de alerta porque me iban a sacar de Iraq en cualquier momento. Me negué y les dije que sacarme no era la solución. Ellos me contestaron: “[…] No, le vamos a sacar para tener tiempo de encontrar una solución mientras usted está fuera”.

A las ocho de la mañana un largo convoy de vehículos blindados y de coches estadounidenses con los cristales ahumados me llevó, junto con mi equipaje, al aeropuerto. Me dijeron que por razones de seguridad embarcaría el primero o el último, dependiendo de las circunstancias.

Embarqué el primero y estuve solo en el avión durante aproximadamente una hora hasta que entraron los demás pasajeros y despegamos con al menos dos horas de retraso. Era una línea aérea comercial.

Me di cuenta de que los soldados iraquíes estaban bastante molestos de que yo estuviera escoltado por ese gran contingente estadounidense. Estaban irritados porque me sacaban del país en vez de entregarme a ellos. Estaban enfadados porque los estadounidenses habían tomado el control de la situación.

Personalmente estoy agradecido a Ashton y a Thompson por la forma en que me trataron. Pero esto no cambia el hecho de que estoy en contra de la ocupación y seguiré estándolo.

P.: ¿Cuál es su mensaje a la comunidad internacional en relación con estos hechos? R.: Me gustaría hacer un llamamiento al presidente Bush y a Tony Blair para que garanticen mi regreso para defender a mis clientes en Iraq, de otro modo todas las declaraciones que han hecho acerca de la libertad y la democracia, de la transparencia y del imperio de la ley serán una vergüenza no sólo para ellos sino también para el pueblo estadounidense.

Ahora estoy a la espera de que se tomen las medidas pertinentes que me permitan volver a Iraq para trabajar. Pero, obviamente, me gustaría que el gobierno iraquí garantizara mi seguridad.

Hay una clara escisión entre los estadounidenses y los iraquíes, a pesar del hecho de que los iraquíes son los títeres de los estadounidenses —estos los colocaron en el poder, los nombraron y les dieron el poder—. Para mí esto es un hecho que se hace palpable cuando al-Uraiby, el juez que presidía [el tribunal] manifestó públicamente en televisión: “[…] ¿Dónde está este acusado Badie Aref? ¿A dónde va a huir? Los estadounidenses no podrán protegerlo ni salvarlo”.

Es increíble que aquellos a quienes los estadounidenses hicieron regresar a Iraq están empezando a comportarse de una forma que hace que los estadounidenses parezcan más civilizados y mejores que ellos. Estas personas son una verdadera desgracia para el país.

El juez Uraiby me dijo públicamente que yo era amigo de los estadounidenses. Lo dijo a pesar de que él fue uno de los que regresaron [a Iraq] junto con los invasores. Los estadounidenses estaban furiosos por lo que dijo y también porque hablaba como un iraní. Es increíble lo que explícitamente declaró el juez: "[…] Sus amigos los estadounidenses no lo van a salvar”.

Hago un llamamiento todo al mundo, a todas las naciones, para que me permitan volver a Iraq a salvo para continuar mi trabajo con el interés de proteger a mis clientes. No es justo que a los acusados se les prive de una defensa legal.

Ahora soy, técnicamente, un fugitivo. El día 16 de este mes [de abril] se reanuda el juicio y no puedo defender a mis clientes, no puedo verlos y tampoco puedo volver porque soy un fugitivo. Hago un llamamiento a las personas decentes del mundo para que, al menos, se den cuenta de que me impiden hacer mi trabajo para defender a aquellas personas que tienen derecho a una defensa.

P.: ¿Por qué cree que se ordenó al ejército estadounidenses que le salvara vida? R.: Me parece que una de las principales razones es que el tribunal se inmiscuyó en la integridad de EEUU. Esto molestó a los estadounidenses lo bastante como para que ahora estén tratando de arreglar la situación. Tengo la impresión de que los estadounidenses les obligarán a solucionarlo porque mantenerme fuera del país y mantener a los acusados sin defensa sería incómodo para los estadounidenses y para sus aliados, que no pueden permitir que esta situación continúe. Creo que en este momento están trabajando en ello. A los estadounidenses les incomodo consentir que se produzca este fiasco.

Una cosa le puedo asegurar: muchos de los miembros del tribunal son miembros de milicias muy cercanas a Irán y están extremadamente bien conectados con ese país. [Los miembros del tribunal] actualmente están pronunciando sentencias muy duras, de manera que las personas se sentirán amenazadas y pedirán asilo político. Conozco jueces que ya lo han solicitado en otros países: están tratando de ahuyentarnos.

La situación de Tareq Aziz

P.: ¿Actualmente, cuál es el estatus [legal] de Tareq Aziz?

R.: Él me anima a que me mantenga firme en mi postura de desenmascarar el tribunal y de hacerlo con determinación para conseguir que se imponga el imperio de la ley. Creo que a Tareq Aziz no le llevarán a juicio. Tareq Aziz tiene demasiada información y poder para hablar. De hecho quizá recuerde usted que durante el juicio de Sadam Husein dio algo de información; el juez estaba muy molesto y le dijo que podía expulsarlo de la sala. Por consiguiente no creo que lo lleven a juicio; en cambio lo dejarán morir bajo arresto o encontrarán una excusa para matarlo [3].

Su salud se está deteriorando y está muy mal debido a su edad y a su estado general. Tiene todo tipo de problemas: cardíacos, hemofilia, presión sanguínea, problemas en los conductos nasales, etc. [Igualmente] uno de mis clientes, Fadhil Abbas al-Hamary, que trabajaba en la industria militar, se está muriendo de cáncer; es un enfermo terminal. Va a morir en cualquier momento y ni a los iraquíes ni a los estadounidenses les importa. No se le permite recibir tratamiento y creo que morirá dentro de muy poco sin que a nadie le importe nada en absoluto. Creo que es absolutamente inhumano. Unas ocho personas ya han muerto en prisión debido al cáncer.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Véase más adelante. Tareq Aziz no está procesado por esta causa ni por ninguna otra. 2. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Paramilitares de as-Sáder asesinaron al abogado al-Obeidi. Cuatro abogados defensores de dirigentes del depuesto gobierno han sido asesinados 3. Véase en IraqSolidaridad: Ahmed Yanabi: Entrevista con Badie Issat, abogado de Tareq Aziz 'Ha estado detenido durante tres años sin acusación concreta contra él' y Lokman Iskender: “Estoy convencido de que los estadounidenses se van a retirar de Iraq”. Entrevista a Tareq Aziz


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IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org)
Traducido para IraqSolidaridad por Beatriz Morales Bastos